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Hace 40 años corrigió el rumbo

Por: Ricardo Mejía Cano

Siempre pensé que Winston Churchill era el personaje más importante del S. XX. He tenido que revaluar este concepto.

A los 16 años se fue a París en un plan de trabajo-estudio. En la despedida dijo a su padre: “Voy a occidente en búsqueda del conocimiento y la verdad, para luego regresar a salvar la China”. No tuvo suerte en Francia: con el final de la primera guerra y el regreso de los soldados franceses a su tierra, los puestos de trabajo eran para los excombatientes, no para los extranjeros. Le tocó aceptar los trabajos más duros y peor pagados.

La revolución bolchevique inflamaba la juventud de Europa y Deng tenía suficientes razones para soñar con un mundo mejor. En París conoció a Zhou Enlai, quien fue su mentor en su formación marxista. Muy pronto Deng, el más joven del grupo, se convirtió en el director de propaganda del naciente Partido Comunista Chino en Francia.

Los frecuentes motines de los jóvenes revolucionarios los ponen en la mira de la policía francesa y deciden emigrar a Rusia. Allí ingresa a la Universidad China de Moscú y consolida su formación marxista.

Luego de un año en Rusia regresa a China y con sus colegas comunistas se alían con el Partido Nacionalista de Chiang Kai-shek. Los comunistas y los nacionalistas son como el agua y el aceite y terminan enfrentados.

Siendo los nacionalistas mucho más numerosos, arrinconan a los comunistas, quienes se escabullen para salvar su pellejo e inician la Larga Marcha. Recién iniciada la gran caminada, se enfrentaron los pro-soviéticos, quienes querían crecer el movimiento con los trabajadores de las grandes ciudades y el grupo liderado por Mao, quien tenía su base en los movimientos campesinos. Triunfa este último y Deng está en su grupo. Transcurrido un año, llegan al norte de China 10.000 personas, de las 100.000 que se escaparon de los nacionalistas. Finalmente Mao reagrupa sus fuerzas y derrota a los nacionalistas.

Así empezó la carrera Deng, acompañando a Mao, inclusive en muchos de sus desastrosos programas. El Gran Salto Adelante, en que Mao colectivizó la agricultura, con el fin de mejorar la productividad. Resultado: las cosechas cayeron vertiginosamente y murieron de hambre entre 15 y 40 millones de chinos. Luego vendría la Revolución Cultural, en que Mao, siempre temeroso de perder el liderazgo y tildando de derechista a cualquiera que se le opusiese, inició una purga de intelectuales y académicos. Resultado: Murieron entre 1 y 4 millones de personas.

Aunque Deng siempre fue fiel a Mao, también fue fiel a sus principios y criticó los disparates de Mao. Esto le costó tres grandes purgas en su carrera. No le costó la vida porqué Mao sabía que Deng era brillante, con un liderazgo excepcional y no lo podía perder.

Muerto Mao, Deng tomó el liderazgo de manera silenciosa y natural, como era su estilo, con el apoyo de la mayoría de la dirigencia del partido. Con gran valor aceptó los errores del pasado y trazó un nuevo camino para la China. Si bien nunca terminó en una universidad, cumplió lo que prometió a su padre: unió el conocimiento de occidente con el del oriente y así sacó a 400 millones de chinos de la pobreza y puso a su país en la ruta del progreso.

Hace 40 años los países subdesarrollados estaban resignados a ver como los desarrollados les tomaban cada día más ventaja. Deng Xiaoping demostró que no tenía que ser así. No pudo democratizar a China a los niveles que todos hubiéramos deseado, pero aun así, ningún dirigente del s. XX dejó un impacto tan grande en el desarrollo de la sociedad moderna.

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