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Agua en vez de Leña

Por: Ricardo Mejia Cano

El debate sobre la educación es el más importante en la agenda de nuestro desarrollo. Lecturas quiso encenderlo en su edición del 6 de agosto*, pero los rectores invitados lo apagaron. Le echaron agua en lugar de leña.

Según el Índice de Crecimiento de la Competitividad (ICC), medido por el Foro Económico Mundial en el 2004, Colombia está en la posición 64, perdimos un puesto Vs. el 2003. Este índice resulta del ambiente macroeconómico del país, la calidad de sus instituciones públicas y de la disposición al cambio tecnológico. El ICC mide factores macroeconómicos e institucionales, que si bien determinan la competitividad de un país, no son factores suficientes para la creación de riqueza. Esta se crea a nivel microeconómico: es responsabilidad del sector empresarial. Para ello se mide el Índice de Competitividad Empresarial (Colombia, puesto 58), compuesto de dos subíndices: la eficiencia operativa de las empresas y su avance estratégico (Puesto 58) y la calidad del ambiente microeonómico (Puesto 61).

El conocimiento y la creatividad aportan al progreso, sólo en la medida que sean prácticos, útiles y de rápida aplicación. Así las empresas aceleran su desarrollo. La mejor alternativa de innovación empresarial está en los conocimientos de estudiantes e investigadores universitarios. Casos exitosos de colaboración, como el de Sofasa-U. de A., no debían ser la excepción sino la norma.

En Colombia la mayoría de las universidades están desvinculadas de la realidad empresarial. Según los rectores, “la educación no es una mercancía”. Depende. Si nos dedicamos, como lo estamos haciendo, a difundir conocimiento que nadie reclama, tienen razón. Pero por el contrario, necesitamos profesionales capaces de interpretar las necesidades de los empresarios, que entiendan las razones de las ineficiencias y tengan suficiente conocimiento práctico para proponer soluciones. Necesitamos enseñar conocimiento útil, que permita a los estudiantes desarrollar “mercancías” y productos mejores y más baratos, que nos ayuden a crear un mejor nivel de vida para los colombianos. Todas las profesiones debían incluir semestres de práctica en su programa de formación.

Para los rectores, en un tratado de libre comercio, se debe tener cuidado de no ser invadidos por universidades foráneas que no llenen los requisitos académicos. No muestran el mismo celo con el sin número de universidades locales que tampoco los llenan.

Parece que a los rectores no les inquieta que los tecnólogos no puedan acceder a la universidad, y continuar sus estudios en caso de querer hacerlo. Facilitar la formación por etapas para promover la apertura universitaria. Ninguna alusión a la institucionalización de las veedurías de Academia-Empresarios a las gestiones del sector público y a la corrupción.

La acreditación es un instrumento valioso. Pero no mide la colaboración Academia-Empresas, índice que determina sí el conocimiento impartido en las universidades es de valor práctico para mejorar el tejido empresarial. Docentes universitarios debían estar obligados a crear vínculos con el sector privado, prestando asesorías o vendiendo trabajos de investigación.

El Código de Gobierno Corporativo de las universidades debe actualizarse. La Ley de Sociedades Anónimas acaba de establecer la obligatoriedad de que las juntas directivas estén compuestas en un 25% por directores independientes. Los consejos directivos de la mayoría de nuestras universidades están compuestos por personas de la misma universidad, para no mencionar las universidades de instituciones religiosas, donde la totalidad de la dirección está en el Poder Divino. Lo terreno es para nosotros los mortales.

La colaboración Academia-Empresa juega un papel importante en el Índice de eficiencia operativa y estratégica. Si nos propusiéramos subir al puesto 30, jalonaríamos la competitividad del país. De la lectura del reportaje, queda la conclusión que la universidad quiere continuar en la isla que siempre ha estado. Apagaron el debate.

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