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Entre Ciencia y Conciencia

Por: Ricardo Mejia Cano

La comunidad académica latinoamericana está empeñada en convencer a los gobiernos sobre la urgencia de aumentar la inversión en Ciencia y Tecnología (C&T). Noble empeño que todos debemos apoyar. Pero deberíamos profundizar mejor cuales son las prioridades.

Venezuela es el país latinoamericano con mayor inversión en C&T en proporción al PIB. En el 2006 ascendió al 1.74% y los años siguientes ha superado el 2%. Colombia por el contrario difícilmente alcanza el 0.6%. Si la inversión en C&T no implica una mejora en la competitividad de los países o una mejora en la calidad de vida de la población, ¿para que se hace?.

Según el Reporte Global de Competitividad (RGC) del Foro Económico Mundial (organismo independiente que lleva 30 años midiendo la competitividad de los países) en el 2001 Venezuela ocupaba la posición 62 en competitividad y Colombia la posición 65, entre 75 países. En C&T Venezuela ocupaba la posición 55 y Colombia la 56.

¿Qué pasó 7 años después de las importantes inversiones en C&T de Venezuela y las modestas inversiones de Colombia? En el RGC del 2008 Venezuela ocupó la posición 105 y Colombia la 74, entre 134 países. En C&T Venezuela ocupó la posición 116 y Colombia la 60.

En estos 7 años la reducción de población por debajo de la línea de pobreza ha sido igual en Venezuela y Colombia, gracias a los buenos precios del petróleo y los “comodities” y a los subsidios a las “Misiones” en Venezuela y a la política de Seguridad Democrática en Colombia.

Pareciera que la mayor inversión en C&T de Venezuela no ha dado los resultados esperados. El progreso de un país depende de la capacidad de su población de resolver de manera práctica los problemas de salud, educación, alimentación, vivienda, transporte, empleo, etc. Para ello los diferentes estamentos deben unir fuerzas y trabajar en las soluciones. Colombia ha creado Comités Universidad-Empresa-Estado (UEE) en las principales ciudades, que han facilitado la colaboración entre los diferentes sectores. Su función se ha limitado a la C&T, pero deberían ampliar su trabajo a mejorar todas las variables que afectan la competitividad. También es normal ver en los foros gremiales, dónde se plantean logros y dificultades, a los sectores público y académico representados. El gobierno colombiano apoya la colaboración.

Los profesores Nalebuff y Brandenburger, de Yale y Harvard, en su libro “Co-opetition”, van más allá, y sostienen que la colaboración es conveniente aun entre competidores empresariales. La verdadera transformación de nuestros países se logrará cuando la comunidad científica, rectores, decanos y profesores dediquen al menos el 20% de su tiempo a escuchar a las comunidades y a los empresarios, a conocer sus problemas y buscar con ellos soluciones y nuevas oportunidades. Los gobiernos deben facilitar dicha colaboración.

Ningún país ha resuelto los problemas de los más necesitados promoviendo el odio y la lucha de clases. La China que dejó Mao tenía el 50% de la población por debajo de la línea de pobreza. El nuevo régimen, si bien es cierto ha conculcado muchas libertades, ha facilitado la colaboración UEE y ha disminuido la pobreza al 10%.

Colombia no puede cantar victoria, le falta construir más confianza. El gobierno venezolano tuvo hace algunos meses acercamientos con el sector empresarial, pero la desconfianza es total, debería reflexionar cómo tender lazos de unión.

Sólo con mayor colaboración UEE podremos adquirir conciencia del tipo de ciencia que necesitamos. Conciencia de la urgencia de rescatar a los millones de desposeídos que nunca han podido disfrutar de los avances de la C&T.

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