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El futuro: ¡Búsquelo en el presente!

Por: Ricardo Mejía Cano.

Si usted no escucha a sus clientes el fracaso será seguro. Pero si se limita a lo que ellos le dicen, el fracaso será contundente. Henry Ford lo entendió hace mas de 100 años: la gente quería caballos más rápidos, nunca sistemas de transporte revolucionarios e innovadores.

Rowan Gibson, un enamorado de Medellín, quien nos ha visitado varias veces, acaba de lanzar su último libro, “The Four Lenses of Innovation”. El libro engancha al lector desde el primer capítulo. Consecuente con lo que ha sido su mantra desde hace muchos años, en el libro reafirma su mensaje: la innovación, como la calidad, el servicio al cliente, etc., debe estar “incrustada” en todas las organizaciones, porque las empresas sin cultura innovadora quedarán atrás mas temprano que tarde.

En la antigüedad existía la creencia de que la creatividad y la capacidad de innovar era una inspiración divina, concedida a unos pocos. De allí que poetas, filósofos y artistas buscaran a las “Musas”, diosas de la inspiración.

Sin embargo el “Eureka” de Arquímedes no fue fruto de una inspiración divina mientras estaba en la hoy famosa bañera. Él era físico, matemático, ingeniero, astrónomo e inventor. Cuando el Rey le pidió confirmar si el orfebre del reino le había robado parte del oro de la nueva corona, Arquímedes no encontraba la manera de medir el volumen de un cuerpo tan irregular. Al sumergirse en la bañera, vio como subía el nivel del agua y concluyó que el volumen desplazado era igual al volumen del cuerpo sumergido: “Eureka”. Con el volumen y el peso de la corona encontró que su densidad era menor que la del oro y que efectivamente el orfebre era un ladronzuelo.

Rowan describe como todo empezó a hacerse más claro con el Renacimiento Europeo. Con el nacimiento del humanismo, el hombre empezó a entender que la creación científica o artística dependían exclusivamente de la educación y de las habilidades de cada uno.

El individuo creció en autoestima y confianza en si mismo y se produjo una explosión de desarrollos artísticos y científicos que mejoraron sustancialmente la calidad de vida de la humanidad. El ser humano, en lugar de los dioses, se convirtió en el centro del universo. Se liberó la mente y se encendió la chispa de la creatividad. La ciencia y los adelantos tecnológicos dejaron de ser una violación del orden divino. Se podía desafiar la ortodoxia.

Rowan analiza como Petrarca, “El Padre del Humanismo y del Renacimiento” reconoció las nuevas tendencias de la época: el obscurantismo y la penumbra de la edad media quedaban atrás y los nuevos retos y desafíos que enfrentaban traerían años más prósperos.

La historia de cómo Gutenberg integró diferentes habilidades y conocimientos para crear la imprenta es fascinante. Igual que Steve Jobs integró, con su visión privilegiada, varias tecnologías para desarrollar el iPod y los otros “gadgets” que le hicieron famoso. Ambos se apalancaron en recursos ya disponibles.

H. Ford inventó una maquina que nadie reclamaba ni necesitaba. Leonardo da Vinci, con su mente brillante y curiosidad insaciable, diseñó el paracaídas, el submarino, el helicóptero y muchos otros aparatos que nadie necesitaba en la época, sin embargo fueron determinantes para mejorar la calidad de vida de la humanidad.

Una ciudad como la nuestra, comprometida con la innovación, debe ponerse estos nuevos anteojos para discernir como logramos un mejor futuro. Aquí están los cuatro lentes, con los cuales podemos desenmarañar del día a día el mañana que deseamos.

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