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¿Futuro Descuadernado?

Por: Ricardo Mejia Cano

La expectativa de vida en Colombia en la década de los 50s era de 54 años, hoy es 74. Esos son los promedios, sin embargo cada vez vemos más personas de 80 y hasta 90 años de edad llenas de salud y energía. Es muy probable que nuestros hijos de menos de 15 años sobrevivan a los albores del siglo XXII.

En un par de décadas en muchos países de Europa y en Japón la población mayor de 60 años representará el 40%. En Mónaco, hoy, la expectativa de vida de las mujeres es 94 años. Si esos países mantienen la actual tasa de nacimientos por cada mil habitantes, es muy probable que se conserve la participación de la población menor de 18 años, actualmente en 15-17%. En el futuro la población dependiente en Europa superaría el 55%, si no se aumentan las edades de jubilación. Con todo y su riqueza, no les será fácil sostener semejante carga.

La semana pasada la Comisión Europea recomendó a todos los países de la Unión subir la edad de jubilación a los 67 años para el 2040 y a 70 años en el 2060. Para Laszlo Andor, Comisario Europeo del Empleo, de no aumentar las edades, en un futuro el número de jubilados duplicará al número de trabajadores que financian las pensiones. En Dinamarca la edad oficial de jubilación es 65 años y quieren indexar la edad de jubilación a la expectativa de vida.

El panorama en Colombia es igual pero al revés. Nuestra población por encima de los 60 es del 8%, pero por debajo de los 18 años asciende al 32%. Con las mejoras en la expectativa de vida y la tasa actual de nacimientos, en un par de décadas nuestra población dependiente estará cerca al 50% ¿Cómo financiaremos su educación, salud y pensiones?.

Retirarse de trabajar a los 60 ó 62 años es un exabrupto. Cuando se regularon nuestras pensiones de jubilación la expectativa de vida era inferior a los 60 años. Los sindicatos deben buscar el mayor bienestar para sus afiliados, pero mandarlos a descansar a los 60-62 años, para dedicase al ocio los siguientes 15 es un atentado contra la salud mental y contra la salud económica del país.

Pero nuestro mayor problema está en el otro extremo: más de  30 nacimientos  por cada 1000 habitantes en las clases más pobres de la población. Donde mayor y más rápido progreso podríamos lograr sería reduciendo drásticamente los nacimientos. De tener menos niños, los padres y el Estado podrían alimentarlos, educarlos y darles los servicios de salud necesarios. Podríamos acabar con el círculo vicioso de la pobreza. Soñar con un país educando a su juventud en ciencias, tecnologías, humanísticas, etc., dedicados a investigar los misterios del ser y la naturaleza, en lugar de los miles de sicarios, incubados en la hacinación, el hambre, la ignorancia y la desesperanza.

El ser humano se diferencia del resto de los animales por su capacidad intelectual y de “planificar” su futuro. Fue el regalo “divino” que nos dio el Creador. Nuestro futuro depende en buena medida de la “planificación”: mejor educación sexual y promover más ampliamente los métodos modernos de anticoncepción. Es urgente que la dirigencia religiosa abandone el dogmatismo y que los líderes políticos promuevan las medidas necesarias para evitar los riesgos que tenemos en el largo plazo.

El presidente electo ha lanzado una política de reconciliación y de unidad que ha transmitido confianza a los colombianos. Y si de los pasados candidatos a la presidencia ha de salir el presidente que sucederá a Santos, Colombia tiene despejado su futuro en el corto y mediano plazo.

¿Pero qué pasará a nuestros hijos? ¿Queremos dejarles un futuro descuadernado?

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