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Los Caminos del Cielo

Ricardo Mejía Cano

Luego de subir por el río Magdalena, el viajero se bajaba del barco en Puerto Nare y se embarcaba aguas arriba por el río Nare, hasta llegar a Juntas. Allí empezaba la última etapa de su viaje, antes de llegar a Medellín, lleno de aventuras, sorpresas y encanto.

“De todas maneras los saltos y ríos arremolinados eran un grave peligro. Parecía que fueran colocados como prueba antes de dar permiso de ingresar a Antioquia. Por eso las pendientes del Nare las entendíamos como una escala muy dificultosa de subir”.

En la época dorada de la Gran Colombia (1819 a 1830), la corona sueca encargó al teniente de marina Carl August Gosselman la misión de investigar sobre la minería y el comercio en nuestro país. Como fruto de su primer viaje en 1825-1826 escribió el libro “Viaje por Colombia”, en el cual entre muchos relatos describe su viaje de Puerto Nare a Medellín.

“Este tramo parece ser el prólogo del gran drama que la naturaleza quiere entregar al viajero, mostrar la belleza de los Andes, como la obertura gigantesca, donde se pueden encontrar las características más sublimes de los sentimientos y sensaciones humanas”. Sin embargo, Gosselman se quedó corto en su descripción.

“El Velo de Novia”, bella cascada entre Santo Domingo y Alejandría, es uno de los primeros “brincos” que el Nare da en su pedregoso recorrido desde su nacimiento en las montañas de El Retiro hasta su desembocadura en el río Magdalena. Allí empezamos el camino de tres días, que con la Organización Caminera de Antioquia recorrimos el pasado puente. Luego de disfrutar de la sinfonía visual y musical del Velo, caminamos a tomar el puente del Purgatorio, presagio de la subida que espera al caminante. En el ascenso se pasa por la microcentral de Alejandría, generadora de este municipio, la Gobernación de Antioquia y algunos inversionistas privados.

El paso durante más de 200 años de conquistadores, colonizadores, mulas, arrieros, caminantes y la lluvia han socavado los caminos y muchos trayectos se han convertido en grandes canalones con más de 10 metros de profundidad.

Así que parte de las largas jornadas se hacen andando físicamente por las entrañas de la tierra. Jornadas en las que se sufre y se goza, pero al final el balance es ampliamente superado por lo segundo.

Terminado el ascenso y luego de andar por un camino mas amplio y plano se divisa Alejandría, un precioso nido al final de un pequeño valle. La alegría de mis hijos, al creer que se acercaba el fin de la jornada, desapareció de tajo cuando uno de los compañeros, curtido de andar cientos de kilómetros por nuestros caminos, les recordó, “nada mas lejos que un pueblo a la vista”.

Alejandría pareciera ser un modelo para nuestros pueblos: hace más de cinco años no hay muertos por violencia. Sus pobladores son amables y se preocupan por mantener la ciudad limpia. Contrario a otras poblaciones, el sábado en la noche no se veía ni un solo borracho, pero si familias con los hijos departiendo en la plaza. La música en los bares sonaba a bajo volumen, de tal manera que se podía conversar.

La segunda jornada de Alejandría al río el Bizcocho y la tercera hasta San Rafael, permiten al viajero concluir que el “Velo de Novia” también se habría podido llamar “Las Puertas del Cielo”.

Luego de haber vivido un par de años en España, la familia me reclama con frecuencia que no hemos hecho el famoso camino de peregrinaje, tan de moda hoy en día. Mi respuesta: ¿Para qué hacer el Camino de Santiago, si aquí podemos recorrer los Caminos del Cielo?.

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