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Los Insurgentes de Ayer Vs. los de Hoy

Por: Ricardo Mejia Cano.

Habían transcurrido más de 10 años de guerra a muerte. Nuestros países estaban destruidos. Si bien los dos bandos habían ganado batallas importantes, haciendo difícil definir un triunfador, en la batalla de Boyacá los “insurgentes” habían derrotado a los invasores de manera contundente.

Los invasores se replegaron con el fin de esperar 10.000 hombres de refuerzo. Estos estaban listos para embarcar en Cádiz, pero inesperadamente les llegó la orden de no viajar. Luego de las guerras Napoleónicas y la restitución en el trono de Fernando VII, el rescate de los principios liberales de la Constitución de Cádiz abrieron nuevas oportunidades para la independencia de las colonias.

Al temido pacificador Pablo Murillo se le cerraban las puertas y no encontraba otra solución que pedir a Bolívar un armisticio. Murillo no lo sabía, pero Bolívar atravesaba una crisis peor que la suya, sus soldados cansados de tantas batallas y sin pago, se le retiraban. Cuando a Bolívar le llegó la petición del armisticio, de ninguna manera dejó percibir su debilidad y le escribió a Murillo: “Si el objeto de su misión tiene algún propósito diferente a reconocer la independencia de Colombia, no espere de nosotros respuestas amistosas. Pero si España finalmente reconocerá a Colombia como un estado libre, independiente y soberano, por supuesto podremos avanzar en condiciones de paz y amistad”.

Comisiones de paz de ambos bandos se sentaron a negociar. Las instrucciones de Bolívar a sus negociadores fueron enfáticas: dejar claro a los españoles que la Gran Colombia nunca más se doblegaría al Rey de España y la época de la colonia se había terminado. Así logramos la independencia.

Hace 200 años los insurgentes eran la mayoría de la población y luchaban por un derecho justo. Hoy son menos de 10.000 bandidos, quienes nos han estado atemorizando por más de 50 años. Nuestra respuesta, con excepción de cortos periodos, ha sido con palomitas blancas, o con la “fortaleza” del actual Ministro del Interior, quien luego de la matazón de los soldados en Buenos Aires manifestó: “confiemos que Dios nos ayudará a conseguir la paz”.

Mientras tanto en todas sus declaraciones los negociadores de la guerrilla manifiestan que no dejarán las armas y que su único fin es alcanzar el poder. Algunos argumentan que no les debemos creer. ¿Pero entonces a razón de qué si les deberemos creer cuando firmen un papel?

Es incomprensible que el secuestro de un general haya significado la suspensión de las negociaciones y el asesinato de 11 soldados no tenga ninguna consecuencia. Nunca se le había presentado al país oportunidad mejor para avanzar en las negociaciones: SUSPENDERLAS; con un único fin: dar tiempo a la guerrilla para que recapacite y regrese a la mesa de diálogo con propuestas concretas.

De lo contrario podría pasar lo que con tanta claridad el General(r) Néstor Ramírez le respondió a María Isabel Rueda en la entrevista del domingo 19 de abril en El Tiempo: la guerrilla busca implantar el socialismo S. XXI y de lograrlo Colombia quedaría destruida como Venezuela. Iván Márquez ratifica su posición sin rodeos: buscamos el acceso al poder, por las buenas o por las malas.

Vivimos una de las encrucijadas más delicadas de nuestra historia reciente. Debido a nuestra debilidad y cobardía (No es sólo el Presidente) hemos sido incapaces de reaccionar de manera drástica ante hechos tan dolorosos y nefastos. Un pequeño grupo de insurgentes de hoy nos quitará la libertad que con tanto esfuerzo nos dieron los insurgentes de ayer.

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