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¡Maldita Carne!

Por: Ricardo Mejia Cano

El mundo tendrá 9.000 millones de habitantes en el 2050.

El consumo de carne aumenta en la medida que los países mejoran su ingreso. En los últimos 30 años la población por debajo de la línea de pobreza se ha reducido en unos 600 millones. Quince países, entre ellos Chile, Croacia y Polonia, están en el tránsito de mediano desarrollo a países desarrollados, con ingresos superiores a los US $ 15.000 por habitante. Diferentes estudios de la “Food and Agriculture Organization” (Organismo de la ONU) indican que con el aumento de la población y la mejora en el ingreso por habitante, la demanda de carne en el mundo se DUPLICARÁ en los próximos 40 años.

Una hectárea de tierra en Córdoba, lejos de Montería, cuesta fácilmente $ 8 millones. Una res con buen pasto y alimentación balanceada puede ganar en 12 meses unos 180 kgs. de peso. El kilogramo de carne en pie se vende en finca a $ 2.700, así que al ganadero le ingresan brutos $ 486.000 en el año. Si descontamos los costos de jornales, abonos, etc., difícilmente le quedan libres $ 300.000. En caso de tener una y media res por hectárea, le quedarían $ 450.000, pésimo negocio si el costo del capital invertido en la hectárea de tierra supera los $ 800.000 anuales. En caso de sembrar esa hectárea con maíz, las cifras mejoran, pero no considerablemente. Con la especulación que existe con la tierra en Colombia, debido principalmente al narcotráfico, el campesino beneficiado con la nueva ley de tierras, si sobrevive a las represalias de los testaferros de los paras, le será mejor negocio vender la tierra que explotarla.

La solución a este problema se conoce de tiempo atrás: gravar no la productividad, sino la improductividad. Reto enorme para el Estado, pues medir el grado de improductividad de un predio siempre será motivo de conflicto.

Lo anterior nos obliga a trabajar en dos frentes: 1. Arreglar los “chicharrones” que dejaron los paramilitares, lo cual requiere mucha imaginación, más allá de simplemente devolver parcelas, y 2. Prepararnos para ser proveedores de ese gran mercado mundial de carne.

Brasil es un buen ejemplo para atacar el segundo frente. Hace 30 años era un gran importador de todo tipo de comida. Hoy es el primer exportador mundial, entre otros muchos alimentos, de carne de pollo y de res. Su hato ganadero es el segundo del mundo. Segundo exportador de soya, después de EE.UU. La soya la crece en zona tropical, dónde se creía que era imposible cultivarla. La riqueza proteínica de la soya la hace indispensable para la elaboración de concentrado animal, de allí que la eficiencia de los hatos ganaderos va paralelo con la disponibilidad de soya.

¿Cómo lo logró? En 1973 fundaron EMBRAPA: Instituto para la Investigación Agrícola, cuya misión “es crear y transferir conocimiento y tecnología para el desarrollo sostenible de la agricultura brasileña”. En la actualidad cuenta con 9.000 empleados, de los cuales 2000 son investigadores, de ellos 21% con maestría, 71% con doctorado y 7% con post-doctorado.

Embrapa no sólo ha desarrollado variedades  “impensables”  de soya y de otras plantas, sino que también se dedicó a experimentar con la tierra. Tierras que por su acidez no eran productivas y no tenían ningún valor, les regaron hasta 5 toneladas de cal por hectárea, aplicaron la tecnología y las convirtieron en la despensa del mundo. Este milagro se ha logrado a mil kilómetros de las selvas del Amazonas y no crea ningún riesgo de deforestación.

Empresas como Nordzuecker de Alemania, Louis Dreyfus de Francia y Cargill de EE.UU. están haciendo grandes inversiones en Brasil: agroindustrias de más de 20.000 has., ubicadas en zonas que antes estaban agobiadas por la pobreza.

En 1875 el hato ganadero en Colombia era de una cabeza por habitante, hoy es un poco más de media cabeza por habitante. El mundo va detrás de la proteína animal. ¿Seremos nosotros proveedores? O por el contrario, nos quedaremos sin los placeres de la maldita carne.

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