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No manosear los Órganos

Por: Ricardo Mejia Cano.

Los medios de comunicación, y los antioqueños en general, tienen gran interés por saber si el Dr. Juan Felipe Gaviria, gerente de EPM, continúa en el cargo. En el caso lamentable de que no continuase, existe curiosidad por saber si su reemplazo sería el Dr. Federico Restrepo. Allí no deberían estar nuestras inquietudes, sea el Dr. Gaviria o si asume el Dr. Restrepo, EPM tendrá excelente timonel.

Dice la Biblia que la divinidad consiste en tres cuerpos distintos y un solo Dios verdadero, afirmación que nosotros, simples mortales, difícilmente podríamos contradecir. Luego aprendimos que los países y las empresas requieren también de tres órganos distintos, orientados a un mismo fin. No ha sido fácil asimilar la importancia y las funciones de la asamblea de accionistas, la junta y la gerencia.

Cuándo con la revolución industrial se empiezan a formar las grandes empresas con muchos propietarios, estos vieron la imposibilidad de administrarlas directamente y se inventaron la figura de la junta directiva, órgano que debería dirigir la empresa. Debido a la dificultad práctica de que un grupo colegiado, como es la junta, ejecutara sus direccionamientos en el día a día; la asamblea, el órgano de los propietarios (todo el mundo tiene órganos), autorizó a la junta para que nombrara un gerente, quien debería implementar los lineamientos y decisiones de la junta.

En este tortuoso aprendizaje, los propietarios se buscaron la manera de hacer entender a los miembros de junta que el mandato que se les daba no era charlando: “Los administradores responderán solidaria e ilimitadamente de los perjuicios que por dolo o culpa ocasionen a la sociedad a los socios o a terceros… En los casos de incumplimiento o extralimitación de sus funciones, violación de la ley o de los estatutos, se presumirá la culpa del administrador…”, “Son administradores, el representante legal, el liquidador, el factor, los miembros de juntas o consejos directivos y quienes de acuerdo con los estatutos ejerzan o detenten esas funciones”. Ley 222 de 1995.

Si los miembros de junta reciben el mandato de dirigir la empresa y son responsables civil y penalmente de todo lo que pase en la compañía, deben ser extremadamente cuidadosos en cuanto a las calidades de la persona a cargo de la gerencia. Una de las principales responsabilidades de una junta es nombrar, evaluar, ratificar o poder remover al gerente. Lo contrario sería manosear las funciones de la junta.

El aparte 3.3.1 del Código de Buen Gobierno de las EPM,  de octubre de 2004, establece: “El Gerente General de Las Empresas es nombrado por el Alcalde de Medellín, y puede ser removido por éste, de conformidad con las disposiciones legales. Durante las faltas transitorias del Gerente General, éste será reemplazado por la persona que designe el Alcalde.” A la junta se le impide ejercer su principal función: remover al gerente en caso de que este obtenga evaluaciones negativas.

El legislador también se encargó de manosear los órganos: “Los miembros de las juntas directivas de las empresas oficiales de servicios públicos domiciliarios serán escogidos por el Presidente, el gobernador o el alcalde, según se trate de empresas nacionales, departamentales o municipales…”, artículo 27.6 de la ley 142 de 1994. Nos manosearon a los usuarios, verdaderos propietarios y máximo órgano de gobierno.

Existía mayor gobernabilidad cuando se elegían tres miembros de junta de ternas que pasaban al alcalde los tres gremios más importantes de la ciudad, tres elegidos por el concejo y uno por el alcalde. La junta elegía al Gerente. Cambiaban los alcaldes, y EPM no tenia que cambiar ni el rumbo ni a su gerente, ni a todos los miembros de su junta.
Cuentan que una vez una gerente de EPM quería que en “tres tristes platos comieran tres tristes …”, lo cual fue un exceso de amor por los tigres. No pasó a mayores. Pero supongamos que los excesos hubiesen traspasado las normas legales, la junta hubiera sido responsable por acciones u omisiones de una gerente en cuyo nombramiento no intervino.

Con un alcalde de la calidad de Alonso Salazar no tiene porque existir preocupación, como tampoco tuvimos que preocuparnos durante la alcaldía de Fajardo. Pero las normas se deben mejorar cuando hay gente confiable a cargo, para evitar que en el futuro mandatarios ambiciosos puedan manosear los órganos de EPM.

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