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¿Una ciudad desierta?

Por: Ricardo Mejía Cano

Él no quería irse de Medellín, prefería mantenerse con oxigeno, tomando medicamentos y con inhalaciones. No quería estar lejos de su familia. Además Medellín es una ciudad agradable para vivir: se juega bingo, hay tertulias de amigos, buenos cafés, etc., todo lo que le gustaba a Libardo.

Ocho años atrás le habían diagnosticado una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, mejor conocida como EPOC. Empezó a seguir todas las recomendaciones de los médicos.  Así se sostuvo hasta el año pasado. Pero luego de dos pulmonías en 6 meses, los médicos le recomendaron dejar la ciudad. A sus 73 años, Libardo tuvo que abandonar a su familia e irse a vivir a Jericó, dónde afortunadamente ha tenido una mejora sustancial.

Una de las causas del EPOC son las partículas de menos de 2.5 micras en el aire, producidas principalmente por la combustión vehicular, que al respirarlas se incrustan en los alveolos de los pulmones.  Cada vez más familias en Medellín se ven divididas, o peor aún diezmadas, por causa del EPOC.

Para evitar que Medellín y otras ciudades vecinas queden en un futuro desiertas, el Área Metropolitana expidió el año pasado una resolución para promover planes de movilidad empresarial sostenible. El Área se ampara en que “el estado debe prevenir y controlar los factores de deterioro ambiental”.

El plan de descontaminación del Área incluye 9 puntos, entre los cuales están “Promover medios alternativos de transporte (a pie y en bicicleta), planes integrales de movilidad y renovar el parque automotor”. En éste último falta acción, especialmente en volquetas, camiones y buses.

La resolución establece que las entidades, instituciones, organizaciones o empresas públicas y privadas con más de 200 trabajadores (Directos o indirectos) ubicadas en el Área Metropolitana tienen que presentar al Área los Planes de Movilidad Sostenible, donde deben consignar como promoverán los viajes no motorizados y el transporte público.

Lo más probable es que usted, como la mayoría de las personas a quienes he consultado, no tiene ni idea de que se trata, lo cual no exime a su institución de la obligación de cumplir con la resolución. De no hacerlo, podría ser sancionada por la autoridad ambiental.

Los residentes en el Valle de Aburra debemos respaldar ésta propuesta del Área. Sin embargo, si queremos tener resultados y cambiar los hábitos de transporte, debemos promover un cambio cultural, antes de las imposiciones legales.

Para tener éxito en tan noble propósito el Área debería: 1. Involucrar a los medios de comunicación y las tiendas de bicicletas en los programas de educación, 2. Trabajar con las escuelas de conducción e instituciones de renovación de pases para que insistan en el cuidado que los conductores deben tener con los ciclistas, 3. Pedir al transporte masivo que adapte sus equipos para el transporte de bicicletas y 4. Contar con los estudiantes.

Con relación al punto 4, el Director del Área, el G8 (Integrado por los rectores de la U. de A., la Nacional, Eafit, el Ces, la de Medellín, la Salle y la Universidad EIA) y los lideres de los colectivos que promueven la bici deberían trabajar juntos. Podrían organizar “Caravanas” desde puntos especiales de concentración y con diferentes horarios, para conducir a los estudiantes en bici hasta las universidades y de regreso a casa. Los estudiantes perderían el miedo a transportarse en bici si lo hacen en grupo. A las universidades que obtengan mayores índices de utilización, como premio se les deberían construir ciclo rutas especiales. Para las ciudades y las universidades siempre será más económico y atractivo hacer vías y parqueaderos para bicis que para carros.

No es necesario insistir en las ventajas de la bicicleta y menos en una ciudad que podría quedar desierta.

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