Petro “derechizó” a Colombia
Por: Ricardo Mejia Cano
Durante los últimos tres años muchos colombianos trabajamos con convicción por un gran propósito: construir un acuerdo entre las fuerzas de centro y de derecha. Colombia necesitaba superar la polarización, abandonar los extremos y ofrecer una alternativa capaz de unir experiencia, moderación y reformas responsables.
En ese esfuerzo promovimos conversaciones, escribimos artículos e hicimos llamados para que diferentes lideres de la política entendieran que divididos solo favorecerían al candidato de la extrema izquierda. Desde distintos espacios insistimos en que el centro y la derecha compartían más coincidencias que diferencias y que la única posibilidad de construir una mayoría consistía en trabajar juntos.
La Gran Consulta fue, en buena medida, la expresión de ese propósito. Más allá de los nombres y de las aspiraciones individuales, representó el intento de construir una gran coalición democrática. Teníamos suficientes razones para pensar que el centro político sería el gran protagonista de las elecciones y que allí se encontraba la principal oportunidad para renovar el liderazgo nacional. Los acontecimientos terminaron mostrando una realidad distinta.
El gobierno de Petro produjo un fenómeno político inesperado. Quienes esperaban una etapa de reconciliación encontraron un país más polarizado. Quienes confiaban en la Paz Total percibieron un deterioro de la seguridad. Quienes esperaban una lucha frontal contra la corrupción observaron numerosos escándalos que golpearon la credibilidad del gobierno. Lo anterior, unido a las dificultades del sistema de salud, la paralización de las obras públicas y el desgaste institucional terminaron generando un profundo descontento en amplios sectores de la población y gran desconcierto entre quienes se encontraban en el centro político.
Ciudadanos que tradicionalmente buscaban posiciones moderadas concluyeron que el momento exigía definiciones más claras: el espacio político de centro comenzó a reducirse.
Según la última encuesta de Atlas Intel, entre mayo y junio el voto en blanco, que en gran medida representa a los votantes de centro, cayó cerca de 10 puntos. De esa reducción, aproximadamente el 72% se trasladó a de la Espriella y el 28% a Cepeda. Buena parte del electorado se desplazó hacia la derecha, como reacción a los desaciertos del gobierno Petro
El anterior proceso se aceleró por el desgaste de los partidos tradicionales y la incapacidad del centro para consolidar un mensaje contundente. En este nuevo escenario, la fórmula integrada por Abelardo y José Manuel se convirtió en la mejor alternativa para una gran mayoría de colombianos, incluidos los de centro.
Nos equivocamos quienes pensamos que el centro sería el eje del nuevo gobierno. El país tomó otro camino.
Abelardo logró conectar con ese deseo de las mayorías de recuperar la autoridad, defender las instituciones y reactivar la económica. Su comunicación fluida y fácil y su tono firme y alegre han calado en millones de ciudadanos que desean un cambio de rumbo.
Uno de los mayores activos de esta fórmula es José Manuel Restrepo. Su experiencia en la administración pública, su domino de los temas económicos y su reconocida prudencia aportan equilibrio y confianza. La combinación entre el liderazgo de Abelardo y la solvencia técnica de José Manuel constituyen una fortaleza que pocos equipos de gobierno han logrado reunir. Muchos colombianos perciben en esta dupla decisión y serenidad, carácter y conocimiento, visión política y capacidad de ejecución, y una propuesta que devolverá la confianza, recuperará la seguridad, reactivará la economía y reconstruirá la institucionalidad.
Después de tres años trabajando por unir al centro y la derecha, la realidad terminó demostrando que Colombia entró en una nueva etapa política. El fervor que ha despertado la fórmula Abelardo-José Manuel no tiene precentes en Colombia ni en los países de la región.