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Desarrugar el alma

Por: Ricardo Mejía Cano

Ruanas blancas cubrían las cimas de las montañas y eran motivo de admiración y adoración de los aborígenes de la región.  El ascenso para observar y disfrutar tan impactante belleza era un gran reto, ya que el camino agreste y las bajas temperaturas desafiaban el escaso vestuario y calzado disponible.

Rápidamente aprendieron que además de la grandiosidad de esos encumbrados entornos, el líquido vital, del cual depende toda nuestra existencia, fluía por pequeños riachuelos, quebradas y ríos hasta los parajes donde tenían sus bohíos y familias. Entendieron la importancia de proteger y preservar esos penachos blancos, rodeados de una naturaleza muerta, rocosa e inerme: Eran la fuente que nos daba la vida.

El ascenso a Poleka Kasue por el costado sur inicia en el Valle del Cócora, por un bosque exuberante, poblado por las esbeltas e imponentes palmas de cera, por pájaros como el terlanque andino, mariposas, osos de anteojos, pumas de montaña, y en la parte más alta la danta andina y el cóndor de los andes. En nuestro recorrido desafortunadamente sólo observamos los tres primeros.

El cacique de origen Panche, Acaime el Mohan, cuya magia embrujaba a sus súbditos por su estirpe guerrera y su odio a los españoles, “bautizó” a su hija Cócora, “Estrella de Agua”, en honor a la riqueza hidrográfica de la zona.

Aprovechamos la Semana Santa para recorrer en familia el Parque de los Nevados. Fueron 4 jornadas intensas, con días  de 12 horas de marcha, que nos permitieron confirmar la exuberancia y belleza de la geografía de nuestro país y la gravedad del deshielo causado por lo que aun muchos creen es un cuento: el calentamiento global.

Durante el recorrido convivimos con los escasos campesinos que viven en esas alturas, quienes nos permitieron alojarnos en sus modestas viviendas y nos compartieron su comida y hospitalidad. Si quiere entender y aprender sobre el significado de la bondad, lo efímero de la vida y la grandiosidad de la eternidad y del cielo, nuestros páramos son la mejor academia.

El punto más alto del paramillo del Quindio, 4900 Mtrs. sobre el nivel del mar, perdió la nieve en 1960.  Los indios Quindo lo denominaban Poleka Kasue, Princesa de las Nieves. En alguna medida todos somos culpables de que la Princesa se haya derretido. Cuando ascendíamos cayó una densa niebla que difícilmente nos permitía ver a dos metros.  Esto hizo el ascenso mucho mas duro. Luego de alcanzar la cima, acosados por la intensa bruma iniciamos nuestro descenso y súbitamente se abrió el cielo, descubriendo una exuberante cadena de montañas: ¡Ahí estaba el Creador! En el descenso por el costado norte, con una pendiente de 45 grados y de suelo arcilloso, se desliza uno montaña abajo.

El tercer día fuimos a la Laguna del Mosquito, que según nos explicaron nuestros guías Ivan Dario Cardona y Alexander Marín (hikingcolombia.co) hace 20 años era un extenso lago. Luego ascendimos por el rio Otún, rio lleno de embrujo y misterio porque gran parte de su cauce es subterráneo, hasta la laguna del Otún, paraje de extraordinaria belleza. En sus alrededores se encuentran enormes bosques de frailejones que hacen el paisaje aún más cautivador.  Como sería la sorpresa de Humboldt cuando en estos mismos parajes, hace más de 200 años, registró por primera vez la existencia de una planta tan exótica como el frailejón, homenaje a la plomería, pues es una planta llena de ductos y canales que llevan el agua a sus hojas, que no son más que pequeños estanques de almacenamiento del preciado líquido.

Aventúrese a recorrer el Parque, serán caminadas extenuantes, pero le iluminarán el espíritu y desarrugarán su alma.

P.D.: Caminar es una de las actividades que las familias empresarias deberían emprender, con el fin de unir más a la familia, prepararla para tomar decisiones en grupo en condiciones de tensión, inculcarle a los herederos un vinculo emocional con nuestro entorno y un compromiso con los menos favorecidos.

 

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