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¿Podemos tener una mejor sociedad?

Por: Ricardo Mejía Cano

Su padre además de haber sido cofundador del WWF, fondo internacional dedicado a la preservación de la naturaleza, dedicó su vida a toda clase de proyectos de conservación, incluida la protección de los humedales en la franja del Mediterráneo europeo.

No es de extrañar que su hijo, educado en este ambiente, se dedicara igualmente a la protección de los animales. “Estoy convencido de la urgencia de adaptar el comportamiento del ser humano a las necesidades de la naturaleza”.

Para celebrar sus 61 años le regaló al Insead, reconocida escuela de negocios europea, la bicoca de 40 millones de euros. La donación fue la semilla para la creación del Instituto Hoffman para la Integración de los Negocios y la Sociedad, cuya función principal es: “Desarrollar soluciones innovadoras que ayuden a reparar los daños que consciente o inconscientemente el ser humano ha infligido en la naturaleza y hoy amenazan la sostenibilidad del planeta”. La misión del Instituto es “Redefinir el rol de los negocios en la sociedad”.

Para André Hoffman, egresado del Insead, los negocios deben prestar mayor atención al medio ambiente. De ninguna manera comparte las enseñanzas del laureado premio Nobel en Economía Milton Friedman, quien predicaba el siglo pasado: “El único fin de los negocios es hacer tanto dinero como sea posible”.

Según Hoffman, además de la rentabilidad, sin la cual no habría empresas, estas deben mirar el largo plazo. Es decir, trabajar por una mejor sociedad y la protección del medio ambiente. Sus metas en el Instituto Hoffman incluyen influenciar la manera como las escuelas de negocios educan a sus estudiantes: “No podemos seguir formando profesionales pensando que la única métrica importante es la financiera. Ni calificar el éxito de las universidades por el salario de sus recién graduados. Debemos enseñar a los jóvenes a desarrollar un propósito que dé sentido a sus vidas. Igualmente, las empresas deben tener un propósito que ayude a la sociedad y a la vez enganche y transmita sentido de pertenencia a sus colaboradores”.

Hoffman, quien es el vicepresidente de la junta directiva de la farmacéutica Roche, en la cual su familia tiene el control, se apasiona cuando habla del propósito de su compañía: “Trabajar por la comunidad y en especial por cuidar de los enfermos”. Esto les ha permitido atraer a los mejores profesionales, aquellos comprometidos con hacer un impacto en la salud pública y aquellos comprometidos en el desarrollo de drogas para curar las enfermedades que aquejan a la humanidad. Ven en Roche el empleador ideal para lograr su propósito.

En los años 60 del siglo pasado la situación social de Cali era deprimente: alta tasa de crecimiento demográfico, especialmente en las clases más deprimidas, desempleo, falta de servicios públicos y violencia. “No puede haber una empresa sana en un medio social enfermo, porque tarde o temprano los males del medio repercuten en la empresa. El empresario responsable debe comprometerse en la solución de los problemas sociales”, les dijo Manuel Carvajal Sinisterra a sus tíos y familiares. Así los convenció de que cedieran el 33 % de las acciones que la familia poseía en la empresa, para crear la Fundación Carvajal, cuya visión es “desarrollar conocimiento práctico a través de intervenciones en Cali y Buenaventura, para potenciar el desarrollo del capital humano en las comunidades más vulnerables”.

Las empresas que perduran se construyen alrededor de valores y principios que de alguna manera contribuyen a la sociedad. Roche, fundada en 1896, y Carvajal, fundada en 1904, son un buen ejemplo de lo anterior. Algunos sectores de la sociedad colombiana están empeñados en desacreditar y acabar con el sector privado. Ahora más que nunca este debe trabajar por una mejor sociedad.

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