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I. E. Loyola

Por: Ricardo Mejia Cano.

El I.E. Loyola “Para la Ciencia y la Innovación” es una alianza de la Fundación Loyola, el Sena y la secretaría de educación. Allí los estudiantes se agrupan por proyectos, según su vocación y aquellos vinculados en un mismo proyecto se sientan alrededor de una mesa, en lugar de pupitres. Cada grupo es dirigido por un profesor con experiencia en el área hasta la culminación del trabajo. Los proyectos pueden ser de robótica, biotecnología, videojuegos, etc.

“Cuando estaba en 7mo me llamaron de la rectoría del colegio donde estudiaba en Manrique y me dijeron que por mis buenas notas me habían seleccionado para estudiar en el I. E. Loyola. Me hicieron varios exámenes, incluyendo psicotécnicos y pasé”, me contó con entusiasmo Juan Pablo Berruecos. “Al llegar allí no encontré instalaciones ni laboratorios especiales, sin embargo se respiraba un aire diferente. En mi colegio en Manrique éramos 45-50 estudiantes por clase, aquí máximo 30, lo que nos permitía contacto estrecho con los profesores. Por otro lado los proyectos nos obligaban a trabajar en equipo, un aprendizaje muy valioso para nosotros.”

Influenciado por su madre, Juan soñaba con ser médico. En el nuevo colegio se matriculó en el proyecto de robótica. Gracias al entusiasmo del grupo, la Fundación Loyola les donó un robot Lego. Empezaron a brotar las habilidades de Juan y su equipo para la robótica. “Cambió mi vida, primero fui seleccionado para presentar los proyectos en ferias de Brasil y EEUU, lo cual me dio la oportunidad de abrir la mente y ver el mundo de manera diferente. Luego me gané una beca para estudiar Mecatrónica en la Escuela de Ingeniería de Antioquia, donde actualmente curso cuarto semestre.”

El rector Carlos Octavio Gómez es consciente de los retos que enfrenta. El Loyola lideró las Pruebas Saber del año pasado entre los Colegios oficiales de Medellín. No está mal para una institución con apenas 6 años de funcionamiento.

Cuando el rector y su equipo pueden seleccionar y formar sus profesores y les comprometen con las metas de la institución, estos se ven motivados y los inmediatos beneficiados son los estudiantes. No ocurre así en Colombia. Aquí el Ministerio y las Secretarias nombran y mueven a los profesores, sin que los rectores puedan opinar. El resultado es que existe poca innovación y no logramos mejorar nuestro sistema de educación pública. ¿Cómo podrá Carlos Octavio cumplir con todas sus metas, si en el momento menos pensado le cambian su equipo?

Sería inconcebible que al equipo técnico de nuestra selección de fútbol la Dimayor le escogiera los jugadores. Y si bien tales irregularidades han ocurrido en el pasado, la prensa y la afición se han manifestado de manera contundente y han defendido la autonomía del cuerpo técnico. Pero la educación no tiene doliente.

Juan sigue vinculado a la I. E. Loyola: “Yo llevo un par de años como instructor, pero mi mayor alegría fue hace dos semanas: me llamaron de la rectoría a decirme que me iban a empezar a pagar por las clases que dictaba.” Juan enseña a otros jóvenes a disfrutar con la ciencia y la innovación.

Muchos de los compañeros de su antiguo colegio en Manrique, contrario a la situación de Juan, no tienen sueños ni trabajo. Es la mayor tragedia de nuestra sociedad. Afortunadamente el I. E. Loyola prueba que si hay soluciones.

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