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Del Cuero al Cielo

Por: Ricardo Mejia Cano

Como todos, Raúl vino al mundo en cueros, como nadie le tocó morder el suelo y como nadie en vida llegó al cielo.

Su amor por los animales se dio de manera natural, casi que predecible. Pero son miles los niños en Colombia que no tienen más juguetes que los abundantes insectos de sus modestas casas y no escalan a la cúspide como Raúl.

Su atracción y respeto por la naturaleza, por las cucarachas, las lagartijas, los cangrejos y otros animales que rodeaban la humilde vivienda de sus padres, le dio la oportunidad de salir de la pobreza y convertirse en ejemplo para nuestra juventud.

Los privilegios no consisten en la fortuna material que nos rodea. Factores menos superficiales determinan las motivaciones, personalidad e inclinaciones del individuo exitoso. El padre de Raúl era marino de la hoy desaparecida Flota Mercante Grancolombiana: seguramente Raúl le escuchó muchas historias sobre las culturas, estilos de vida y paisajes de otros países. La abuela de Raúl, quien en las largas ausencias del padre ayudaba a cuidar el niño, incentivó en éste su amor e interés por los animales. Finalmente algunos de sus profesores de escuela, en su natal Buenaventura, cumplieron con su obligación de buenos educadores y descubrieron, promovieron y motivaron el desarrollo de los destacados talentos del pequeño Raúl.

No menos determinante en su camino al éxito fue su dedicación y amor al basquetbol. Sus 1.95 metros de altura y su enorme responsabilidad, lo convirtieron en destacado jugador de la selección colombiana de basquetbol.

Terminado su bachillerato en Buenaventura, se fue a estudiar biología a la Universidad del Valle. Sus excelentes resultados académicos, unidos a su creatividad y permanente capacidad de experimentación, llamaron nuevamente la atención de sus profesores, en particular de un profesor norteamericano, quien motivó y ayudó a Raúl a conseguir una beca para continuar estudios de posgrado en EEUU. La constancia premia: terminados sus estudios en EEUU, obtuvo una beca para hacer su doctorado en microbiología en la Universidad de Strathclyde, en Escocia.

Hoy el Dr. Cuero es profesor distinguido de la Universidad de Prairie en Texas, posee más de 16 patentes y es un colaborador destacado de la NASA, entidad que ha patrocinado al científico en varios desarrollos, entre otros el de un material sintético para la eliminación en el ser humano de partículas radioactivas como el uranio, el plomo y el cadmio (Tecnología utilizada en Japón con motivo del accidente de Fukushima), como también en el desarrollo de una proteina para eliminar el efecto de los rayos ultravioleta en el cuerpo humano. En el 2003 fué distinguido con el “NASA Technology Award”. El Dr. Cuero pasa la mitad de su tiempo viajando, dictando conferencias y dando a conocer sus inventos.

Como científico sensible y comprometido con Colombia patrocina en diferentes ciudades los Parques de la Creatividad: “En Colombia hay miles de niños pobres mucho más inteligentes que yo. Quisiera ayudarles a entender que a través de la creatividad podrán desarrollar un sentido de pertenencia y absoluta libertad, enseñarles que uno no debe olvidar su origen y las ventajas de nacer en medio de la naturaleza y respetarla, y que cuando uno empieza a tener muchas cosas y a preocuparse por ellas, se pierde la libertad”.

En Colombia bautizamos los auditorios de nuestras universidades con los nombres del Che Guevara o Camilo Torres, promoviendo así en nuestra juventud el resentimiento y el odio, desaprovechando modelos exitosos de perseverancia, humildad y amor a la vida, como es el caso de Raúl Cuero.

Es sorprendente la vida de quien fuera un humilde negrito de Buenaventura, nacido en 1948, cuando en esa ciudad casi el 30% de los niños moría antes de los 10 años debido a la malaria, la tuberculosis, los parasitos o las enfermedades virales. Invitado por el Comité Universidad-Empresa-Estado, con motivo de la reunión número 100 del Comité, el próximo 20 de abril el Dr. Cuero nos contará su odisea. No se pierda ésta oportunidad de escuchar como pasar del “Cuero al Cielo”.

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