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El Club del 3%

Por: Ricardo Mejía Cano

Charly Luck lo tenía claro: aunque con sólo 53 años de edad y una salud envidiable, tarde o temprano tendría que enfrentar el tema de la sucesión. Su compañía la había fundado su abuelo y se había convertido en una empresa importante del sector de infraestructura en EEUU. Pero un número no lo dejaba dormir: sólo el 3% de las empresas familiares tienen éxito en el paso de la tercera a la cuarta generación. ¿Cómo hacer para estar en ese club de compañías exitosas?

Veinte años atrás su padre había reunido a su esposa, sus dos hijas y a Charly y les había preguntado sobre sus intereses y cómo se querían involucrar con la compañía. Las hermanas fueron enfáticas: no tenían ningún interés en vincularse; por el contrario Charly desde sus primeras pasantías entendió que su vida giraría alrededor de la empresa.

Luego el padre tomó la palabra y les dijo: “lo más importante es la continuidad de la compañía y sólo en la medida que ésta sea próspera, nuestra familia lo será igualmente”. Si el único interesado en la empresa era Charly, él se debía quedar con la empresa. Allí mismo diseñaron la manera como Charly compraría la participación de sus hermanas y del padre. Semanas después perfeccionaron el procedimiento, Charly asumiría la presidencia y la compañía tomaría una deuda, para comprar la participación de las hermanas y parte de la participación del papá. Como nos confesó Charly a un reducido grupo, en ese momento no imaginaba los conflictos que esa decisión tendría años después.

Por eso Charly decidió que tendría que trabajar en asegurar la continuidad de la compañía, pero evitando futuros conflictos familiares. Nadie a su alrededor sabía como manejar este tema, así que decidió buscar ayuda externa. Contrató a David Bork.

David, con más de 40 años de experiencia, dijo a Charly que primero él necesitaría conocer bien a la familia. Programaron un viaje en carro a Colorado, con Bork, Charly, su esposa y los tres hijos. Bork se fue en la parte de atrás, conversando con los hijos, con el fin de conocer sus aspiraciones, metas, ambiciones, valores, etc. Y no menos importante, ganarse su afecto. Semanas después programó pasar un fin de semana en la casa Charly. La primera noche reunió a los hijos, les dio un papelógrafo y les pidió que escribieran los valores de su familia.

Los muchachos, en ese momento con edades entre los 13 y los 17 años, definieron sus valores: “autoestima, dedicación, trabajo en equipo, estilo de vida saludable, integridad, creatividad, respeto, pensamiento crítico, autocontrol, comunicar, lealtad, consumidores responsables, trabajar por la comunidad y preocuparse por el medio ambiente”. Bork llamó a los padres para mostrarles lo escrito por sus hijos: al leerlo se pusieron a llorar. Era el resultado del buen ejemplo con que habían sido educados. Bork ha seguido guiándolos.

Luck Company maneja grandes rocas, piedras, canteras, maquinaria pesada, operarios fuertes, a veces rudos y gran parte del trabajo es al sol y al agua, sin embargo su Misión, que debía servir de guía para muchos de nuestros empresarios, no habla del producto sino de algo mucho más importante: “Nuestra misión es encender el potencial humano a través del liderazgo en valores, con el fin de impactar positivamente aquellos alrededor nuestro”.

No hay duda que la empresa de Charly ingresará al Club del 3%.

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