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Entre Utilidades y “Pifiedades”

Por: Ricardo Mejia Cano.

“Es increíble cómo ciertos personajes que se creen lo suficientemente inteligentes, dan informes a la ligera sin investigar todos los lados de la moneda. El señor Ricardo Mejía alaba a Bill Gates de manera exagerada sin reconocer las tácticas sucias de Microsoft para arruinar a sus competidores y sin darse cuenta que Microsoft nunca ha sido innovadora.” Soy muy respetuoso de los comentarios de los lectores, pero este se pifió.

En 1962 Milton Friedman fue contundente: “Pocas cosas podrían socavar más las fundaciones de nuestra sociedad como aceptar que los administradores de las empresas tienen una responsabilidad social diferente a producir tanto dinero como sea posible para los accionistas”, Amén. Gracias a ese principio, definido tan descarnadamente por Friedman, la calidad de vida de la humanidad ha mejorado en los 200 años transcurridos desde la primera revolución industrial, mucho más que en los cientos de siglos transcurridos desde el origen de nuestra especie.

El capitalismo, con todas sus fallas, sigue siendo el mejor sistema conocido. No quiere esto decir que no se pueda mejorar y todo parece indicar que sufrirá cambios positivos en las próximas décadas.

En 1932 un defensor del capitalismo decía: “Muchas personas asumen equivocadamente que una compañía sólo existe para hacer dinero. Si bien este es un objetivo fundamental, debemos encontrar las verdaderas razones de nuestra existencia: en una compañía un grupo de personas se reúnen para lograr colectivamente metas, que separadamente no podrían alcanzar. Esas metas deben contribuir a mejorar la sociedad”, Dave Packard (q.e.p.d.), co-fundador de Hewlett Packard. Posiblemente el estudioso Dave sabía que “Compañía” viene del latín “cum” y “panis”: compartir el pan.

Es difícil determinar en la historia cuando se empezó a hablar de responsabilidad social empresarial ¿Siglos, milenios atrás? Lo cierto es que ahora está de moda. Desafortunadamente muchos empresarios creen que cumplir las normas, pagar prestaciones, impuestos, etc. es RSE. Desconocen que ésta sólo se da cuando se exceden las obligaciones legales.

Bill Gates, como Packard, considera que las empresas y los individuos deben hacer mucho más por la sociedad, en especial por los más desprotegidos. Y así como Packard una vez retirado de sus empresas, se dedicó a la filantropía  con la fortuna que tenía, el “ricachón” de Bill ha hecho otro tanto. Pero ahora quiere mucho más. Por ello lanzó el programa de “Capitalismo Creativo”: si el tejido empresarial en el mundo desarrollado supera a los gobiernos en su capacidad de acción y de introducir mejoras, le corresponde a dichas empresas desarrollar programas de investigación, productos, servicios, etc., que beneficien a los mil millones de personas más desprotegidas. El superdotado Bill está liderando una campaña que, sin pretender que las empresas sean entidades de beneficencia, podría acelerar una transformación positiva del mundo.

Los contradictores de Gates y de los programas de RSE (Friedman era uno de ellos) sostienen: 1. Las empresas son de los accionistas y no de los administradores, y estos no tienen autorización para gastarse la plata de los primeros; 2. Si las empresas empiezan a realizar actividades que corresponden a los gobiernos, estos sentirán menos presión para introducir los cambios urgentes que se requieren; 3. Las empresas entran en este juego no por hacer el bien, sino porque amplían la base de sus consumidores.

Estas objeciones como muchas otras se pueden resolver fácilmente: 1. Efectivamente los accionistas tendrían que instruir a sus administradores en qué medida quieren que su empresa ayude a la base de la pirámide; 2. Lograr un mundo en paz y sin hambre sólo será posible con la colaboración Empresas-Estado; 3. Como decía Deng Xiaoping: “Lo importante no es si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones.”

Aprendámosle a Packard y Gates quienes comprendieron que después de las utilidades puede haber algo más. Y por supuesto no se pifiaron.

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