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La Ruta del Despertar

Por: Ricardo Mejia Cano.

Para una buena tertulia se requieren varios y buenos conversadores, ilustrados y que dejen hablar al otro. Sin embargo él sólo es la tertulia, con su voz suave y pausada, sus miles de experiencias e infinidad de teorías, hacen que con él nadie más sea necesario:

¿Tenemos claro nuestro origen, cual es la razón de nuestra vida y el sentido de la muerte? Así empezó. Y agregó: en el mundo se hablan unos 7000 idiomas. La mitad de ellos ya no se enseñan a los niños. Es probable que esas 3500 lenguas desaparezcan en esta generación. Cada 15 días muere un anciano(a), quien es el último(a) depositario(a) de su cultura y de toda la sabiduría que sus antepasados aprendieron en miles o centenares de años. No habrá un réquiem por la pérdida de todo ese bagaje.

Un idioma no es sólo su gramática, fonología y capacidad de comunicar. Un idioma es una cultura. Cada idioma es parte fundamental de la historia de la humanidad.

Se estima que el 20% de los mamíferos, el 11% de las aves y el 5% de los peces están amenazados, igual que el 10% de la diversidad vegetal.  Afortunadamente se ha creado conciencia: debemos proteger esas especies. Para tal fin se han declarado zonas especiales donde muchas de ellas se están recuperando.

Más de 600 idiomas son hablados por menos de 100 personas. ¿Se perderá toda la poesía, versos y canciones que sólo riman en esos idiomas y sólo ellos pueden declamar e interpretar? ¿Encerramos a esos grupos de personas en hábitats restringidos, como a las especies protegidas? Estamos en frente de una tragedia que a pocos preocupa.

Contrario a la creencia general, Machu Pichu nunca fue una ciudad pérdida. Estaba conectada a los 14.000 kilómetros de caminos reales construidos por los Incas en menos de un siglo. Muchas de esas rutas se perdieron o destruyeron.

En ese momento no quise interrumpir a nuestro interlocutor, pero hice un cálculo rápido: el gobierno colombiano en 7 años ha construido menos de 300 kilómetros de dobles calzadas, es decir 43 por año ¡Los Incas construían 140 kilómetros de caminos por año! En una cosa le gana este gobierno a los Incas: en prometer. De nuevo me sumergí en la conversación de nuestro contertulio:

Las culturas no se deben medir por la monumentalidad de sus construcciones. También debemos valorar el respeto por los ecosistemas, los animales y las plantas. La maloca de los pueblos que habitan el Amazonas es una estructura enorme, de unos 40 metros de largo por veinte de ancho, con techos abovedados a más de 10 metros de altura. No tiene adobes, hierro ni cemento, sólo materiales vegetales. Es el club social del pueblo, en el que realizan diferentes actividades. Es el centro cultural que permite mantener vivas todas las tradiciones.

Todo ocurrió en el Silencio, la finca de unos amigos, quienes nos invitaron un fin de semana en compañía de Wade Davis: Antropólogo, etnógrafo, fotógrafo, escritor, cineasta, doctorado en etnobotánica, explorador en residencia de la National Geographic y conversador incansable. El silencio arrollador del lugar y el murmullo arrullador de la conversación de Wade, me pusieron a reflexionar. El mundo necesita más personas como él.  En medio de los cambios veloces de la tecnología, dormidos en el espiral de renovación y transformación en que giran nuestras vidas, debemos despertar y empezar a respetar y preservar nuestros orígenes.

 

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