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Los Misterios del Tiempo

Por: Ricardo Mejia Cano

Hublot rezaba el cartel que anunciaba todos los cambios de jugadores en el Mundial de Suráfrica.

La industria del tiempo Suiza exporta US $ 17.000 millones al año. Un par de décadas atrás estaba convaleciente: el reloj de cuarzo japonés, de gran precisión y fabricado en líneas de producción robotizadas, “destemporizó” a los suizos. Para sobrevivir los imitaron: en los 80’s el 70 por ciento de los relojes suizos eran de cuarzo.

Excepto Jean-Claude Biver, quien consideraba que el reloj de pulsera ya no se necesitaba para medir el tiempo. Si la iglesia, el carro, la estufa, el ascensor, el celular y el computador tenían relojes, para qué diablos tener un reloj de pulsera: “sólo porque la gente quiere mostrar su status, la individualidad y la exclusividad”, razonaba Jean-Claude. Los industriales suizos consideraron sus planteamientos poco realistas y le dejaron sólo. Hoy todos le imitan.

Biver empezó muy joven a trabajar en el pintoresco Valle de Joux, enclavado entre los lagos y bellas montañas suizas, región que para la industria del tiempo equivale al Silicon Valley para los computadores. Allí aprendió que un reloj mecánico, hecho a mano, es una obra de arte, una joya. Más que medir el tiempo, mide la compleja escalera en que se ha convertido este mundo de “ascensores sociales”.

Emprendedor innato, convencido que las teorías son sólo eso, mientras no se pongan en práctica, compró, en 1981 por US $ 18.000, los derechos de la marca Blancpain, cuya fábrica había quebrado 11 años atrás. La teoría le funcionó. En 1992 el Grupo Swatch, dueño de marcas como Omega, Tissot, y Longiness, arrebató a Biver su compañía por la bicoca de US $ 60 millones. Como ñapa, Swatch lo puso en la junta directiva y le encargó el rescate de la marca Omega. Aplicando sus principios, hizo un par de modificaciones al diseño, puso el nuevo Omega en las muñecas de Pierce Brosnan (James Bond), Cindy Crawford y Michael Schumacher y se triplicaron las ventas.

-¿Sr. Biver, con todo ese dinero en el bolsillo, porqué se quedó trabajando más de 10 años con Swatch? – El dinero no puede comprar pasión. Mi vida era con la gente que había contratado, que había creído en mí, no podía abandonarlos tan fácilmente.

Hublot, “dejar entrar la luz o ver la luz”, fue la creación del famoso diseñador Carlo Crocco. Fue el primero en el mundo en ponerle a un reloj manilla de caucho, una revolución en…1980. Después de dos décadas de éxitos, llega el nuevo siglo y Crocco, con gran acierto, se retira para dar entrada a Biver, quien se acababa de retirar de Swatch. Le nombra Presidente de la compañía y le hace socio. Biver lanza la colección “Big Bang”: antes de la Gran Explosión toda la materia estaba en un solo punto, luego se disgregó. Con teoría tan “simploreta”, lanzó un reloj hecho a mano, con metales preciosos y… manilla de caucho. Nuevamente, como antes de la Explosión, se unieron materiales diferentes. Desde su lanzamiento en el 2005, es el reloj con mayor número de premios internacionales. En el 2008 Louis Vuitton (LVMH), el fabricante de las marcas exclusivas más exitosas del mundo, les ofreció US $ 480 millones por Hublot. Crocco y Biver no pudieron resistirse. LVMH puso una condición: Biver tendría que continuar como presidente.

-¿Sr. Biver, si sus relojes se distinguen por su exclusividad, porque hace tanta publicidad en futbol? – Es el deporte más popular del mundo, pero también el deleite y pasión de los millonarios.

-Usted es uno de los empresarios más reconocidos de Suiza. Ha creado y vendido algunas de las marcas de relojes más famosas del mundo. Sin embargo, contrario a la tradición en este país, no deja a sus hijos (Dos son ejecutivos de Hublot) una dinastía empresarial que puedan continuar. – Tengo 61 años, ya no tengo tiempo para planes de sucesión.

Biver conoce mejor que nadie los misterios del tiempo y que una sucesión no se puede empezar a destiempo.

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