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¿Mosqueteros o Kamikazes?

Por: Ricardo Mejía Cano

El primer Mosquetero es el mayor misterio: no tiene espada, no es espadachín, nadie sabe de sus orígenes, pero dio la mayor estocada. De la apacible Grossetto, en la bella Toscana, como buen italiano romántico y enamorador, pasó a vivir cómodamente en el apartamento de sus suegros en Bucaramanga, enamorado eternamente de Gloria Eugenia. Ya antes le había jurado amor eterno a Paola, en las exóticas playas del Mediterráneo. Pero como el Aventurero: “le gustan las altas y las chaparritas, las flacas, las gordas y las chiquititas”, y andando por el mundo se olvidó de Gloria Eugenia, pues encontró el nuevo amor de su vida: Claudia. No será fácil que ese amor dure, encerrados en cárceles distintas. Nada de lo que el italiano dice haber hecho antes de llegar a Colombia ha podido ser confirmado por el ejercito de periodistas que ahora en Italia preguntan por su oscuro pasado.

El segundo Mosquetero dice que estudió en el Gimnasio los Cerros en Usaquén y economía en la Universidad Javeriana, según él, con mucha dificultad. Graduado, empezó a trabajar con quien considera un visionario y el mejor formador de Corredores de Bolsa que tuvo Colombia: Juan Gabriel Garcés. En 1996, Rodrigo lo invita a él, a dos amigos y a tres empleados de Interbolsa a comprar el 50% de la compañía, por algo como $ 50 millones, “que nos financió a tres años”. A Interbolsa llega con un regalo: un pliego de cargos de la Bolsa de Bogotá, por tomar riegos desmedidos en operaciones con posición propia, Bolsa de la cual es expulsado. Se llama Juan Carlos Ortiz.

El tercer Mosquetero fundó con el anterior el Fondo Premium en el exterior y le nombró un administrador independiente con una sola condición: los consejeros de inversión serían los dos fundadores. Así el dinero captado en Colombia para invertir en el novedoso fondo, se lo prestaban a sociedades de ellos o de allegados. Jaime Michelsen era un aprendiz de espadachín al lado de los nuevos mosqueteros.

Olegario estaba destrozado, no entendía como el Dr. Jorge Hernán Echavarría, una persona tan prestante, amable y educada había decidido truncar su existencia. A Olegario, portero del edificio donde vivía el Dr. Echavarria, nunca le contaron que fueron los Tres Mosqueteros quienes provocaron la muerte de Jorge Hernán, cómo también la muerte económica de tantas fundaciones y familias que perdieron todos sus ahorros.

¿Pero cómo y porqué Rodrigo Jaramillo, de una familia de gente de bien, terminó asociándose tan mal y permitiendo que su hijo lo arrastrara al vacío? ¿Por qué Kenneth Lay, PhD en economía y fundador de  Enron , permitió que una brillante idea y excelente modelo de negocio, se desmoronara y defraudara a todos los que en él habían creído?

Los empresarios que perduran son aquellos que fundan empresas motivados por una idea, por el deseo de hacer algo nuevo y además se preocupan por el progreso de la comunidad. Pero la sociedad necesita toda clase de emprendedores, incluidos aquellos obsesionados por el dinero. Desafortunadamente estos con frecuencia pierden el rumbo: el dinero adquiere mayor importancia que la empresa misma, olvidando que su obligación incluye crear una cultura empresarial que garantice su sostenibilidad en el tiempo y educar a los herederos a continuar con el legado. Se vuelven kamikazes y así terminan.

En el Foro de “Enron a Interbolsa” tuvimos oportunidad de profundizar con Frank Savage y Alba Luz Hoyos, ex-miembros de las Juntas de ambas compañías, como empresas que vinculan gente de tal calaña están destinadas a terminar igual. Con Luis Guillermo Vélez, el Supersociedades, y Jaime Humberto López, Presidente de Asobolsa, debatimos cómo las Juntas pueden y deben aprobar políticas estrictas de selección de personal y chequear que se cumplan. Profundizamos en temas que todo miembro de junta debe saber. Fue como una gran junta. ¡No se la pierda!

Ver video del debate en: http://sdj.com.co/panel-enron-interbolsa/

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