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Necesitamos más “Hernanes”

Por: Ricardo Mejia Cano

“Parece que ya se acercan los paisas en caravana, Hoyos, Mesa, Gil, Pintado y el Gallo de la Montaña”. Sin la música de cuerdas que acompaña esta canción, suena “insabora”, pero es la oda a quienes hicieron el ciclismo en Colombia. Uno de ellos se destaca de manera singular.

En medio de las peripecias que hacía para narrar las vueltas a Colombia, amarrado para no caer de la escotilla del transmóvil, transitando por carreteras que eran para eso, para carretas, Carlos Arturo Rueda cantó por los micrófonos quien sería el indiscutible ganador de la Vuelta a Colombia: el Príncipe Estudiante. Su ventaja sobre el segundo le permitía predecir un triunfo fácil. No contaba con que su equipo se retiraría en la etapa Medellín-Riosucio. En las dos siguientes vueltas quedó de segundo. A la tercera fue la vencida.

La bicicleta le enseñó la importancia de trabajar en equipo, a competir con transparencia y pulcritud, a ponerle pasión a sus empeños. Años después se convertirían en sus valores para crear una de las empresas de transporte más importantes del país.

Llegó de Yarumal a Medellín muy pequeño y de su casa en Aranjuez al Liceo de la U. de A. iba en bici. Así empezó su primera vocación. A medida que fue creciendo, creció la otra, la ingeniería, los motores, los grandes camiones. A los 24 años tomó una de las decisiones más difíciles de su vida, dejar el ciclismo (Pero no la cicla) y dedicarse a la ingeniería.

Como ingeniero de Cervunión ahorró y se compró un par de camiones. A finales de los 70, la natillera que con unos compañeros de estudio había creado, les permitió comprar la pequeña empresa que en esa época era TDM. Quien sabía de camiones era el Príncipe: lo nombraron gerente.

Preparando una cotización para transportar 5.000 Ton. de tubería de Cartagena a Medellín, salió nuevamente a flote su creatividad. En esa época los camiones cargaban la tubería de manera piramidal, perdiendo capacidad de cargue. Cotizó aprovechando toda la capacidad de los camiones y se ganó la oferta. Le llamaron a decirle que se quebraría. A los pocos meses todos sus competidores empezaron a copiar su sistema de cargue. Fue la primera de una cadena interminable de innovaciones.

Tiene una mezcla rara de madurez, equilibrio y desprendimiento: en medio de la gloria y la fama que le dio el ciclismo, se retiró para dedicarse a sus estudios; renunció a su importante cargo directivo en Cervunión, para convertirse en emprendedor; tan pronto su nueva empresa adquirió alguna envergadura, convenció a sus socios de crear una Junta Directiva con profesionales independientes; programó con tiempo su retiro y participó en la contratación y formación de quien finalmente, con mucho éxito, le reemplazó en la gerencia. Hoy jubilado reparte su tiempo entre la familia, los motores y la bici. Debo reconocer que en la entrevista para esta nota sentí una envidia sana: celebró sus 75 años recorriendo en bici, con sus dos hijos, la ruta de la Vuelta a Colombia que había ganado en 1960.

Es modesto, sencillo, apasionado y muestra gran respeto por los demás. El apodo de Rueda fue certero: un verdadero Príncipe. En los 60s, como deportista, era el ídolo de nosotros los jóvenes de la época, hoy 50 años después, debería ser un modelo para nuestra juventud, por su disciplina, visión, compromiso social y mentalidad innovadora. En Colombia necesitamos menos políticos, menos politiquería y mas empresarios como Hernán Medina Calderón.

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