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Prepararse para lo que viene

Por: Ricardo Mejia Cano

Para probar si las máquinas podían pensar, inventó un juego: una persona interrogaba a un señor y a una señora sobre diferentes temas hasta determinar quien era el hombre y quien la mujer. Cada uno estaba en cuartos separados de tal manera que no se veían y se comunicaban por escrito. Luego se reemplazaba al señor interrogado por una máquina. Si el interrogador era “engañado”, y efectivamente pensaba que se trataba de un hombre, era porque la máquina podía pensar.

De esto hace 70 años y aún sigue viva la polémica de si las máquinas pueden pensar. Sin embargo Alan Turing, protagonista de la película El Código Enigma, el verdadero precursor de la máquina que hoy llamamos computador e inventor del mencionado juego, no se debía preocupar en su tumba por la discusión que él mismo empezó.  Puede reposar tranquilo, con sus aportes a la digitalización, el progreso de la humanidad es incuestionable.

Más allá de si la máquina puede pensar o no, la pregunta importante es: con los avances en digitalización y automatización ¿Reemplazarán las maquinas el trabajo de los seres humanos?

Según los expertos hay 5 factores claves en la automatización: 1. Que se disponga de la tecnología para automatizar el proceso en cuestión, 2. El costo de la automatización, 3. El valor de los salarios de los trabajadores que realizan ese proceso, 4. Las ventajas en calidad, velocidad, seguridad industrial, etc., que la automatización pueda representar contra el proceso tradicional, y 5. La aceptación social y regulatoria.

Un buen ejemplo son los lectores de códigos de barras. En muchas tiendas de barrio el bajo costo de la mano de obra y el bajo volumen de las transacciones hacen que la automatización no sea atractiva. Pero para los grandes almacenes, con sus altos volúmenes y costos labores más altos, la automatización se volvió inaplazable. ¿Hubo desplazamiento de trabajadores en los grandes almacenes?

Con la introducción de los lectores de barras, unido a los nuevos computadores en el punto de venta, los grandes almacenes redujeron sus costos en aproximadamente un 4.5%. Parte de esa reducción se la cedieron a los consumidores, lo que les trajo más clientes. Desaparecieron empleos en las bodegas, pero el mayor flujo de clientes les obligó a tener más cajeros.  No tuvieron pérdida de empleos. ¿Pasó igual en la tienda tradicional?

En 1985 en Colombia aproximadamente el 90% de los productos de gran consumo se vendían en tiendas pequeñas y medianas. Hoy está alrededor del 50%. Se cerraron muchas pequeñas tiendas y con ellas se fueron muchos empleos. Pero la tecnología sigue adelante y ha facilitado la aparición de cadenas nacionales de pequeñas tiendas de barrio. Con sus grandes volúmenes compran a mejores precios y están desplazando el resto de tiendas tradicionales.

En todos los sectores de la economía vendrán cambios drásticos. Un alto porcentaje del tiempo de los trabajadores colombianos consiste en actividades físicas u operando máquinas en procesos predecibles o repetitivos, que tarde o temprano serán automatizados.

Según una reciente evaluación PISA de la OCDE sobre las habilidades digitales: “Las escuelas aún no han aprovechado el potencial de la tecnología en el salón de clases para abordar la brecha digital, y preparar a todos los estudiantes con las habilidades que necesitan en el mundo conectado de hoy.” Problema que no se soluciona regalando tabletas. Se requieren  buenos profesores y currículums adecuados.

La automatización pondrá patas arriba los sistemas organizacionales y a la fuerza laboral. Los empresarios enfrentarán retos que hasta ahora eran impensables. Es urgente prepararnos para lo que viene.

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