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¡Sin empresas y sin impuestos!

Por: Ricardo Mejía Cano.

El ruido y algarabía del exterior llamaron su atención. Él se merecía un descanso, luego de sus mil batallas. Después de una vida militar intensa y llena de triunfos, que le convirtieron en un icono de la historia, perdió la última, la que define quien se queda con el botín.

Pero él no estaba para descansar. Quería averiguar el motivo del alboroto allá afuera.  Salió a la calle a ver que pasaba. Miles de personas, armadas con palos, piedras y  una rabia intensa, marchaban al edificio del Senado. Los impuestos los asfixiaban.

Era el costo de la derrota. Cartago debía pagar a los romanos la cuantiosa indemnización exigida por estos.  Mientras los senadores cartagineses no pagaban los tributos y se mostraban indiferentes a la corrupción que carcomía a la una vez boyante ciudad; a los artesanos, comerciantes, campesinos y ganaderos les tocaba asumir la mayor carga de impuestos para satisfacer a los vencedores. Esa fue la rebelión que presenció Aníbal al salir de su casa.

Una vez Fidel Castro le dijo al Presidente Alfonso López: “Me gustaría conocer a Carlos Ardila, el empresario colombiano que paró en la raya a la Multinacional Coca-Cola. Usted es amigo de él, ¿Me lo podría presentar?”. Hasta donde recuerdo el presidente López trató de coordinar el encuentro, pero este nunca se dio.

Contrasta la admiración de Castro por el empresario colombiano, con la obsesión del actual gobierno por acabar con sus empresas.  O contra todas las empresas del país. El gobierno emprendió la lucha contra el azúcar y las gaseosas para mejorar la salud de los colombianos, seguramente después la emprenderá contra el chicharrón, la bandeja paisa, los productores de aceite y todo lo frito. En su odisea por la salud incluirá el café y la leche, pues los efectos nocivos de la cafeína y la lactosa están ampliamente documentados.

En lugar de arreglar el despelote de la salud mejorando el sistema, nos curarán a todos vía impuestos. Impuestos a las gaseosas, luego al cerdo, la leche y el café,  para frenar su consumo y evitar que enfermemos. Una completa revolución. Ahora van detrás del Nobel de Medicina.

Los impuestos curativos sorprendentemente servirán para paliar la debacle fiscal, causada por el despilfarro y la corrupción y no menos importante, indemnizar a un grupo de bandidos.  Sin haber estado en guerra y mucho menos derrotados en el campo de batalla, como los cartagineses, tendremos que pagar cuantiosas indemnizaciones.

Es un misterio que le habría pasado a la humanidad si el senado cartaginés no hubiera sido tan débil y hubiese apoyado a Aníbal en su lucha contra los romanos.

Hoy las FARC están próximas a conseguir un enorme triunfo político, como resultado de nuestra debilidad.  No es ningún misterio como afectará este triunfo el futuro de Colombia: ¡no habrá empresas para cobrarles impuestos!

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