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El Buen Gobierno de Lorenzetti

Por: Ricardo Mejía Cano

La Justicia aparece sentada en un trono imponente a la izquierda. Encima de su cabeza está la sabiduría: sólo con conocimiento, prudencia y buen equilibrio se puede administrar justicia. Una balanza enmarca a la Justicia: en el plato de la derecha un ángel da la recompensa a dos buenos ciudadanos, en el de la izquierda, un ángel decapita con la espada a un delincuente.

A la derecha de la obra y en el mismo plano horizontal de Justicia, se encuentra el Bien Común, sentado en un trono más imponente que el de la Justicia. A la izquierda, encima y a la derecha de la cabeza del Bien Común se encuentran tres ángeles que representan las tres virtudes: la Fe, la Caridad y la Esperanza. Entre estas dos últimas se puede observar el rostro de Cristo, vigilante de toda la actividad. No podía faltar la nota religiosa.

El Bien Común es la figura más destacada. A su izquierda se sientan, la Paz, la Fortaleza y la Prudencia. La primera se observa reclinada y relajada: en un mundo con orden, la Paz está en su ambiente. A la derecha del Bien Común se sientan la Magnanimidad y la Templanza.

En un tercer plano, debajo de la Justicia se encuentra la Concordia. Sentada en un trono un poco más pequeño, mirando al Bien Común, sostiene en su regazo una caja de herramientas de carpintería, con un cepillo ¿Para suavizar las asperezas de la sociedad? Una cuerda que parte desde la Justicia, pasa por la mano izquierda de Concordia, la toman 24 ciudadanos en una procesión y la entregan al Bien Común. ¿Sólo con una buena justicia y concordia de los ciudadanos puede alcanzarse el Bien Común?

Antes de 1285, Siena, como la mayoría de ciudades estado en Italia, era un caos. Pero en ese año los sieneses acordaron ser gobernados por un Concejo de Nueve. Estos no podían ser de la nobleza ni abogados. El veto a los primeros era para evitar que los intereses individuales de los nobles riñeran con la prioridad de los Nueve que era el Bien Común y con el fin de garantizar acceso fácil y económico a la justicia, abogados y magistrados tampoco podían pertenecer a los Nueve.

Para mantener siempre presente su compromiso, pidieron al artista Ambrogio Lorenzetti decorar la sala donde se reunían con unos frescos que representaran el Buen Gobierno. Lorenzetti pintó tres frescos, que se conservan bastante bien y cubren la totalidad de las tres paredes del recinto: la del centro que corresponde a “La Alegoría del Buen Gobierno”, dedicado al Bien Común y en las paredes de los lados “Los Efectos del Buen Gobierno en la Ciudad y en el Campo” y “Los Efectos del Mal Gobierno”.

Hace 700 años Lorenzetti fue un revolucionario de la pintura, al representar temas de la vida real y de gran interés para la vida comunitaria, contrario a la pintura de la época, que era fundamentalmente de motivos religiosos y de batallas importantes. Sus frescos enseñan al observador cómo puede una sociedad promover el Bien Común y vivir en paz.

Con los principios de Lorenzetti, los Nueve lideraron los años de mayor prosperidad de la ciudad. Con la llegada de la peste negra de 1348, que acabó con una tercera parte de la población y la posterior aclamación de Carlos IV, se perdió una cultura que hoy debíamos recuperar: La del Buen Gobierno.

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