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Entre el más acá y el más allá

Por: Ricardo Mejía Cano

Aunque había muerto hacia un par de milenios, Mao trató de matarlo. Siempre resucitaba. Igual hicieron un par de gobernantes siglos y milenios antes: ¡Pero resucitaba!

Su padre, como funcionario del gobierno, dio a la familia una calidad de vida mejor que la de los habitantes del pueblo. Con apenas 3 años cumplidos murió el padre y la familia se fue derecho a la pobreza.

Siendo de estirpe noble, se vio forzado a estudiar en colegios públicos y trabajar en las casas de los nobles limpiando, cuidando caballos y como contador. Su disciplina y deseos de aprender lo llevaron a formarse en las seis artes, que cualquier joven noble debía dominar: los rituales, caligrafía, música, escritura, matemáticas, manejo del arco y de carros de guerra. Los aurigas chinos existieron mucho antes que los romanos.

Las luchas entre los aristócratas por el poder y la violencia que se desató le llevaron a pensar que sólo con paz se podía lograr el progreso. Abrió un colegio y empezó a difundir su filosofía. Sus enseñanzas se hicieron famosas y fue nombrado ministro del gobierno. Aplicó con éxito su filosofía, pero las intrigas y rencillas le hicieron destituir. Se dedicó de lleno a difundir sus enseñanzas.

Antes que Sócrates, Platón y Aristóteles, ya era el filósofo de mayor renombre universal, en ese universo fragmentado, lleno de misterio e incógnitas.

Su legado no fue propiamente una religión, por qué no hay un dios alrededor de sus predicas. Sin embargo, tiene muchas similitudes con las enseñanzas de Cristo. Pero las diferencias marcan la gran diferencia.

Para el cristianismo todos nacemos pecadores y nuestras vidas deben ser un proceso de purificación, para poder gozar del más allá. Para el confucionismo el hombre nace bueno y con educación, liderazgo y buen ejemplo se puede alcanzar el bien y vivir en paz: “La tendencia del hombre hacia el bien, es como la tendencia del agua a fluir hacia abajo”.

Para el cristianismo la única fe valida es la de Cristo. Para el confucionismo todas las religiones son expresiones validas y no debería existir conflicto entre ellas.

Los principios de Cristo fueron transmitidos directamente por Dios, mientras que los de Confucio son fruto de sus propias reflexiones y las de otros muchos académicos y sabios que él estudio.

La principal preocupación de Confucio era lograr en la China de su época una sana convivencia y confiaba que una sociedad formada en el respeto y la tolerancia podría alcanzar grandes mejoras en equidad y progreso. Las personas debían vivir en armonía y promover el buen gobierno y la educación y ser buenos miembros de familia. Para el cristianismo siempre ha sido más importante la vida eterna que la terrena.

Para Confucio la educación debía preparar al hombre para la vida y de ninguna manera se debía politizar. Mao por el contrario vio en la educación un instrumento para promover la lucha de clases y para tener éxito borró el confucionismo. Fueron los años de mayor atraso de la China. Por fortuna vendría luego Deng Xiao Ping, quien restableció las enseñanzas del famoso filósofo y China ingresó de nuevo en una era de progreso.

Nos es fácil entender cómo y en qué momento pasamos en Colombia de las enseñanzas de los misioneros cristianos de la época de la colonia a las ideologías de FECODE. En ambos casos se ha dado mayor importancia a los dogmas que a enseñar las causas de la evolución y cuáles son los motores del progreso. Para Confucio esto último tendría que estar enmarcado en el respeto al ser humano y la naturaleza.

Confucio pensando en el más acá, puso a China en el más allá; nosotros pensando en el más allá, tenemos a Colombia en el más acá.

 

3 thoughts on “Entre el más acá y el más allá

  1. Corporativo saludo… Fecode cree que la única verdad es la de ellos. El alcalde cree que la ciudad es su finca, el gobernador aprovecha el rato para preparar su futuro político y el presidente sólo trabaja para 4 años. Algún día tendremos verdaderas políticas de Estado.
    Es una de las razones por las cuales Colombia no avanza

  2. Ayyy, Ricardo. Soy católica desde hace unos 20 años y nunca he oído lo que afirmas en el artículo es cristiano. De hecho, todo lo contrario. Te pongo este ejemplo (qué casualidad, es de hoy):
    «12 de Mayo

    El Espíritu Santo me lanza hacia el futuro y me invita a crecer. Pero en realidad, lo que más le interesa es que yo viva la vida con todas mis ganas, que me entregue ahora a lo que me toque vivir. El deseo de ser mejores es importante, pero no tiene que llevarnos a estar siempre pendientes del futuro. Eso nos llena de ansiedad y hace que el presente se vuelva insoportable.

    Tengo que optar en primer lugar por el presente, porque es lo que Dios me está regalando, y por eso tengo derecho a vivirlo lo mejor posible. Es Dios quien me da la vida, y eso me otorga todo el derecho a vivir feliz en este mundo.

    Más allá de mis errores yo soy amado por Él, que no puede rechazar su propia obra.

    Entonces, hoy es un día valioso y estoy llamado a vivirlo. El pasado ya sucedió. No lo puedo borrar, pero ya terminó. Y ese pasado no tiene derecho a arruinar mi vida presente que Dios me está ofreciendo generosamente.

    Tengo que vivir hoy de tal manera que pueda sentir que vale la pena que yo exista. Y eso es dejarme llevar por el Espíritu Santo, sabiéndome amado, y entregándome a su amor y a su proyecto, dando lo mejor de mí y disfrutando de lo que pueda vivir en este día.

    Ahora mismo me dejo llevar por el Espíritu Santo, y me entrego a vivir esta jornada con paz, confianza, dignidad y creatividad.»

    Me han enseñado que soy de carácter divino y debo ejercer mi esencia. Me han enseñado el ecumenismo y adoro a los ateos pues no puedo no hacerlo si yo fui una muy aplicada.

    Ahora, estamos de acuerdo. Solo hay progreso si hay respeto. Solo hay respeto si sé quién es el otro. ¿China debería volver a meditar en esto?

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