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¿Para qué los libros?

Por: Ricardo Mejía Cano.

A los nueve meses de nacido le dio neumonía. Su mamá, madre soltera, lo envió donde unos tíos para que le cuidaran. Una vez recuperado, los tíos pidieron a la madre que se los dejara. Ellos lo querían educar. Por supuesto aceptó. Terminado el bachillerato ingresó a la Universidad de Illinois. En el segundo año fue reconocido como el Mejor Estudiante en Ciencias. No pudo celebrar, su madre adoptiva murió y se tuvo que retirar de la universidad.

Se marchó a trabajar a California. A los pocos meses regresó a Chicago para estudiar en la Universidad de Chicago. Luego de un semestre, en que aprendió algo de computadores, se retiró definitivamente. El sol y el mar de California lo cautivaron y allá volvió.

Luego de un par de empleos, se vinculó a Ampex Corporation, donde trabajó en el Proyecto Oracle para la CIA. Se especializó en bases de datos y empezó con dos amigos una compañía de software que luego se llamaría Oracle, como recuerdo de su primer gran programa.

Se llama Larry Edison, es uno de los 10 hombres más ricos del mundo y no tiene título universitario. Uno de sus más grandes amigos fue Steve Jobs. Cuando echaron a este de Apple, Larry decía a Jobs, “Déjame yo compro a Apple con US$3.000 millones y tu manejas la compañía”.

Jobs no quería una compra hostil y no lo dejó. Si hubiera comprado a Apple, Edison sería hoy, con gran ventaja sobre el segundo, el hombre más rico del mundo.

La historia de Larry es semejante a la de Jobs, a la de Bill Gates, la de Michael Dell, la de Mark Zuckerberg. Ellos transformaron la manera como vivimos y trabajamos, sin embargo ninguno de ellos terminó la universidad.

Lo interesante es que sus empresas, en una tendencia que otras han empezado a copiar, no exigen título universitario para ingresar a trabajar. Exigen si, dominio de un tema específico, en el cual tienen una necesidad especial.

El reto que enfrentan las universidades no podía ser mayor. Se calcula que un 10 % de las escuelas de ingeniería de la India podrían cerrar en los próximos años por falta de demanda. La formación a distancia por internet podría implicar el cierre de la mitad de las universidades en EE.UU. en los próximos 20 años.

Si bien una formación de calidad a distancia por internet siempre requerirá de enseñanza presencial con el profesor, la necesidad de instalaciones físicas se reducirá considerablemente.

Los MOOCs del acrónimo en inglés “Massive Open On-line Course”, cursos en línea por internet, muchos gratis y diseñados por las mejores universidades del mundo, permiten al interesado especializarse en un área específica.

Según el profesor Subhash Kak, de la Universidad de Oklahoma, de los 15.000 estudiantes en el programa de educación a distancia de la Universidad de Harvard, sólo 2.000 se gradúan. El resto solo están interesados en aprender sobre un tema particular.

Un argumento contundente del profesor Subhash: “En los años 50s el conductor de un carro tenía que saber de mecánica, por si acaso se varaba en el camino. Hoy ni el mecánico de carros tiene que ser un experto: este simplemente hace un diagnóstico del motor con el computador y este le dice dónde está el daño y cómo lo repara”.

“¿Para qué los libros?” Decía en su bello poema Ricardo Nieto, “si el libro de la vida enseña que el hombre es un pobre pedazo de leña”. Los libros seguirán sin duda jugando un papel fundamental en el desarrollo de la humanidad, pero de golpe el libro de la vida nos hará cambiar cómo estudiamos y cómo nos preparamos.

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