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¿Un país en desarrollo?

Por: Ricardo Mejia Cano.

¿Cómo será la educación en el 2030? Una incógnita. Cientos de instituciones están dedicando enormes recursos investigando tendencias y alternativas, para guiar a los gobiernos sobre el camino que deben tomar.

El primer tema es el demográfico. La tasa de natalidad está decreciendo en el mundo. Igual ocurre en Colombia. Si bien decrece menos en los estratos bajos, la realidad es que allí también ha decrecido y seguirá decreciendo. Por otro lado la proporción de clase media en Colombia y en el mundo sigue creciendo. Este asenso social, que todos debemos promover, lleva a las familias en la nueva clase a buscar una mejor educación para los hijos, especialmente en educación terciaria. Por tanto la demanda en Colombia por educación técnica, tecnológica y universitaria debería seguir creciendo. Decrece la cantidad de población joven, que haría decrecer la demanda por educación, pero aumenta la clase media, que demanda más y mejor educación.

La China y la India han estado trabajando en la mejora de la educación durante los últimos 40 años, con resultados sorprendentes. Mientras la India gradúa 1.5 millones de ingenieros anualmente, Estados Unidos gradúa 100.000. ¿Y los abogados, filósofos, psicólogos no cuentan? Por supuesto que si. Pero las oportunidades de trabajo y las habilidades que se requerirán en el inmediato futuro son en STEM: acrónimo del inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Lo que Colombia descuidó (Igual que EEUU y otros países) en los últimos años, los asiáticos están perfeccionado.

La China esta convirtiendo algunas de sus universidades en centros de formación tecnológica, pues consideran que no serán capaces de absorber tantos ingenieros. Allá toman decisiones y tienen la ventaja de haber mejorado considerablemente el bachillerato, así que formarán técnicos y tecnólogos de excelente calidad.

Contrario a los asiáticos, Colombia no ha podido mejorar la calidad de su educación publica, en especial la primaria y secundaria. Los bachilleres que llegan a las universidades tienen falencias grandes en STEM (También en formación humanística) y de allí que la deserción universitaria bordee el 50%. Cifra astronómica y que a pocos parece desvelar.

Colombia no podrá competir en el mercado mundial con su oferta de STEM, a menos que hagamos un plan a largo plazo.  Deberíamos concentrarnos en mejorar la calidad del profesorado de la educación publica, en primaria y secundaria, lo cual tardaría 5-10 años. Mientras esto se logra, reforzar la formación técnica y tecnológica, que requiere más practica y menos STEM, con la ventaja de que aun hay alta demanda de técnicos y tecnólogos en todos los sectores de nuestra economía.

La obsesión por llevar tabletas y computadores a cada niño en las escuelas la debíamos superar. No hay resultados contundentes que prueben que dar un computador a cada niño cambie la película. Pero si hay resultados sorprendentes cuando se mejora la selección y formación del profesorado, se les prepara en las tecnologías digitales, se les suministran (¡A ellos si!) computadores y se modernizan las aulas de clase.

Los retos inmediatos de la educación publica en Colombia son distintos de los de la educación privada, pero al final ambos tendrán que mejorar la formación en STEM, pues de lo contrario no mejoraremos en competitividad y aumentará la masa de desocupados.

No actuar en este sentido nos dejaría parqueados en el subdesarrollo.

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