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¿Un país de inconscientes?

Por: Ricardo Mejía Cano

En la campaña presidencial de Andrés Pastrana en 1998, una de sus principales propuestas fue que la bandeja paisa volviera a ser elaborada con productos del agro colombiano. En esos años el país importaba más de 6 millones de toneladas de alimentos. Su propuesta era reemplazar esas importaciones con producción nacional.  Hoy importamos más de 12 millones de toneladas en alimentos. No hemos sido muy exitosos en alcanzar nuestras metas.

En su campaña a la presidencia del 2018, Petro copió la propuesta de Pastrana: “En mi presidencia el arroz blanco, los fríjoles, la arepa, el patacón, el chicharrón y todos los ingredientes de la bandeja paisa serán cien por ciento colombianos”. Si él hubiera sido elegido, hoy la totalidad de los alimentos serían importados, como pasó en Venezuela.

Tomemos como ejemplo el maíz: la productividad promedio en Colombia es inferior a 6 Ton/Ha. La de EE. UU. supera las 10 Ton/Ha. Hace un par de años la productividad en Colombia era inferior a 4 Ton/Ha. Gracias a empresarios visionarios, que compraron grandes extensiones de tierra en la altillanura y en otras regiones del país e invirtieron en tecnología, se aumentó sustancialmente la productividad en el cultivo del maíz.

Desafortunadamente el gobierno de Santos se dejó presionar por Petro y sus aliados, quienes aferrados a una ley obsoleta de tierras, según la cual no se puede tener más de una unidad agrícola familiar, obligaron a muchos empresarios, entre ellos al Grupo Santodomingo y al mayor productor de granos del mundo, la norteamericana Cargill, a suspender sus planes de inversión en la altillanura. Hoy Colombia sería una potencia agrícola en la región.

A finales de los 60s del siglo pasado, los empresarios vieron una oportunidad en la floricultura. Las inicialmente modestas inversiones en la sabana de Bogotá y en el oriente antioqueño, se transformaron pronto en grandes invernaderos, que gracias a su alta productividad y eficiencia, convirtieron a Colombia en el segundo exportador de flores en el mundo.

Pero al ser un mercado concentrado en un 90% en Norteamérica y cuyo éxito económico depende en un 100% de la tasa de cambio, sus riesgos no dejan de ser altos. Mientras en el segundo semestre del 2006 la tasa de cambio del dólar estuvo en promedio en $ 2.400, en el primer semestre del 2008 bajó a $ 1.800 y así estuvo hasta finales del 2014, cuando se trepó de nuevo a $ 2.400. Se calcula que durante esa sequía cambiaria, se cerraron el 30% de los cultivos de flores en Colombia.

En el 2012 ASOCOLFLORES hizo su congreso anual en Rionegro y me invitaron como expositor. En esos años había viajado un par de veces República Dominicana y observado el éxito de la siembra de tomate y pimentón en invernaderos. Se me ocurrió echarles el cuento a los floricultores de que repensaran cuál era su negocio, si la exportación de flores, o cultivos en invernaderos, con lo cual diversificaban sus actividades. Mi propuesta de que también sembraran pimentones y tomates les disgustó enormemente: si los hubieran tenido, me los habrían tirado. En estos meses de COVID-19, el mercado norteamericano ha estado parcialmente cerrado y los floricultores se han visto obligados a botar hasta la mitad de la producción. Esta crisis les debía servir para reflexionar, abrir sus mentes y pensar en diversificar.

La pandemia también nos abrió los ojos ante un problema del que no éramos conscientes: el riesgo de una crisis alimentaria por corte de las cadenas de suministro. No hay duda de que el agro colombiano podría alimentarnos a todos: se necesitan grandes inversiones y tecnología. Un país que no trabaja en la autosuficiencia alimentaria es un país de inconscientes.

2 thoughts on “¿Un país de inconscientes?

    1. Ver en la página WEB de la FEDERACIÓN NACIONAL DE CULTIVADORES DE CEREALES, FENALCE, el último reporte de ÁREA, PRODUCCIÓN Y RENDIMIENTO DE LOS CULTIVOS DE CEREALES Y LEGUMINOSAS. Slds. RM

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